2011-04-23

"Esas motos que van a mil..."

Canto a voz en cuello. Grito. Llamo a mis amigos a horas inconvenientes, los estrujo al abrazarlos, les digo que los quiero. Me agarro a piñas. Tomo como si se fuera a acabar. Agradezco a los dioses nunca haber aprendido a guiar otro vehículo que este de piel y hueso en que vivo, pues saldría a la ruta sólo a sentir la velocidad. No puedo negarle nada a mis hijas. Miro el cielo como un preso que quiere borrarse el techo del pabellón de las retinas.

Vivo. Me cuesta creerlo, especialmente cuando te me aparecés y no te puedo alcanzar, pero estoy vivo.

Parece, según me dicen, que hago un ejercicio diario y fatigoso de recordarme mi estado de tipo que no se murió de cáncer, de cuerpo no cremado, de voz no acallada para siempre.

Parece que sigo acá.

Las apariencias engañan. No me tienten.

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