2010-01-20

Envirusame que me gusta

¡Para leer online, o llevar en su pendrive, fino, fresco y exquisito spam dirigido, con temas de interés y actualidad para el inadaptado adolescente moderno!

Ésto estuve a punto de postear en el hilo de comentarios de un post de hace dos años en el weblog de un amigo, tras la enésima emisión de un... ingenuo, digamos.

Pero me contuve, para mejor despacharme en un lugar desde el que puedo hacer más daño. No mucho, es claro, pero espero que el suficiente.

1. Explicame el chiste

¿Dos años, dije? Dos y cuarto, para precisar un poco más, que el dicho texto está en presencia de sus enemigos. La cruda estadística* dice que la mayoría de sus lectores han interpretado la descripción de un procedimiento, junto con su introducción y conclusión, a su valor facial: "uh, qué bueno, vamos a hacer un virus para ponérselo a ese cornudo". Lamento desilusionarlos: no es eso, sino algo que juzgarán inútil tan pronto como lo entiendan.

2. ¿Lo qué?

Los antivirus no hacen lo que dice en la etiqueta. Ésta es una posible demostración.

3. Ah.

El autor dice otro tanto, medio año después de que le pudrieran la paciencia dos grupos, a saber, los esperanzados y los desengañados. Esperanzados los unos de aprender a programar virus, y por tanto humildes y mangueros; desengañados los otros de que sea tan facil, y a raíz de esto, soberbios y agresivos.

4. ¿Entonces..?

Nada. Lo de siempre. Con algunos temas no se jode, salvo que haya una convención cultural en la cual ampararse, porque de tan cargados que están, anulan la capacidad crítica de los interesados.

5. La Internet esto, Google aquello...

Las pelotas. La Gran Licuadora Universal y Árbol de Tetas Electrónicas facilita (un poco) una cosa que viene pasando desde que el mundo es mundo, a saber, el contagio de ideas patógenas, y esto es en parte por la promiscuidad anónima con que sus portadores pueden encontrarse. Esto último no es del todo malo, pero sí es de interés para los tres gatos locos que nos preocupamos por la salud pública, o por cierta subdisciplina de ella, por cierto bastante impopular.

6. ¿Qué hacer?

Qué se yo. Educación, educación, educación, repetiría, si no la tuviera por una causa perdida ya. Las disertaciones de café, cara a cara o en lugares como éste, no llegan a ser ni granos de arena en el desierto, para bien o mal. Pero si le sirve de algo, no se quede en el molde cuando oiga (lea... vea...) a otro emitir boludeces.

Caso contrario, no sólo vivirá tapándose la nariz, sentirá la delicada sensación de estar colaborando, por omisión siquiera, a mantener sana y fresca la fuente del mal olor.


Sí, ya sé, hay negocio en la venta, y hasta en la repartija gratuita, del pescado podrido. Pero me asquean más los idiotas útiles, que no sufren merma visible y persistente por selectivo que llegue a ser el genocidio.

(*) Compilada por mi fiel ojímetro; si usara medios más responsables, esto quedaría en el cajón, o pasaría a ser de cajón incluso, y no en el sentido ibérico.

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2010-01-19

Psicobolchevismo perezoso

¿Delincuentes? ¡Enfermos! Vacúnese: no por blanquito es usted inmune. Y si es más bien oscuro, ¿qué hace leyendo esto? ¿No sabe que leer es peligroso?

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