2009-04-08

¿Sonar, dijo?

Mal puede opinar sobre s*xo un tipo que hoy lo considera no sólo comparable con la defecación, sino insignificante frente a ésta; pero me siento obligado a señalar algunas consecuencias grotescas de lo dicho hace un rato.

La escuela erótica de los jóvenes es hoy no la relación de maestro a aprendiz que domina el grueso de la historia de la humanidad, sino la industria p*rnográfica y, progresivamente (?), lo que ellos mismos fotografían y filman para consumir y compartir en sus tenues comunidades virtuales.

No me resulta la elevación del polvo, o sus prolegómenos o acompañamientos, a las alturas de las bellas artes, pero tampoco se me escapa que una vida s*xual industrializada resulta ser fea y chata, y es grave que esto le suceda a cualquiera de los modos de la comunicación humana. Sólo me intriga la idea de que los ciclos de realimentación puedan lograr que se propaguen y mantengan otras formas y estilos --si algún día las cámaras HD dejan de eyacularles encima.

Trasladad a voluntad cuando aquí divago al contexto general del post anterior --si quieren, en un apartado sobre lo subjetivo / efímero / peludo--, y continuemos allí.


(*) Para ofrecer un contraste, recuerden el almanaque de Parés para la Fierro, y la versión que, quién les dice, algún día publicará por una editorial de arte, si tal cosa sigue existiendo de acá a unos meses.

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