2009-02-19

Creer o reventar

No sé si habrá sido Ortega que me lo explicó*, pero desde mucho que tengo clara la frontera que otros quieren volver perpetua tormenta de polvo, a saber, la que separa una idea clara de una creencia cegadora: uno posee** una idea, como una herramienta, pero es poseído por una creencia, como una computadora por un programa. La causalidad sigue un círculo, o varios entrelazados, en ambos casos, pero los puntos de amplificación y de pérdida son radicalmente distintos.

Coincido con por lo menos tres de los que debaten: no se elige creer, salvo en un sentido crudo, así como no se elige distorsionarse los sentidos, pero sí administrarse un agente alucinógeno. Fe, si hay, es recibir instrucciones o interpretaciones de una fuente oculta, que tira los paquetes de datos y esconde sus apéndices manipuladores. Gracia, si interpreto bien la poca teología que manejo, es un caballo de Troya congénito o adquirido. Y eso --vuelta al naturalismo-- no sale de ser una especie joven, sino de interrumpir el propio desarrollo y limitarse a la caricatura tediosa de una recapitulación de formas ancestrales.

Y, oh paralelismo podrido, la doble espiral del ADN es tan delicada que hasta el deuterio la estorba en el complejo ritual de su replicación.


(*) Si así fue, habrá sido en La rebelión de las masas, quizás en el capítulo en que introduce su concepto de nobleza, que no se debe confundir con una aristocracia cualunque, así como no se debiera dejar deslizar la rebelión a un resbalón.

(**) Aferra, controla, no entremos en sutilezas léxicas.

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