2008-12-24

Una larga despedida (XLVIII)

Desde el primer cáncer que vengo soñando con cementerios, pensando en el velorio, comiéndome la cabeza con el larguísimo después. Y no son reflexiones generales y ociosas: surgen de los años que llevamos, de cientos de horas de monólogos mal disfrazados de otra cosa y --último pero no menor-- de ver uno para poder deducir ciento.

Un abuso, por ejemplo, del que deduzco la intención general de marcar y mutilar (que no es que yo no conozca y practique pero, ¿no se dijo algo, alguna vez, sobre avisar antes?).

Hace seis años, o quizás más, que el Sol no sale sobre nosotros. Tampoco nos importa de por sí, pero el esfuerzo de mantenernos despiertos en esta penumbra malsana es suficiente para convencer al más embanderado de firmar una confesión.

Vamos, vos escribí la mía, y yo me encargaré de la tuya. Acortemos esta farsa, que nos reclaman en otro actuadero de mala muerte.

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