2008-12-26

El estruendo eterno de esos espacios infinitos

Chart Key

La vista de un buen cuerpo, dicen los que saben, incita a concupiscencia (o a envidia, según compatibilidad). La constatación de un cielo transparente, comparo, me mueve a buscar cartas estelares y a desempolvar mis viejos prismáticos.

Lo segundo no merece más consideración: si la vista no me falla antes, algún diá emprenderé el duro (abrasivo) y solitario camino hacia un reflector newtoniano, y vaya a saber con que se registrarán las imágenes por esos tiempos (la rara costumbre actual dicta una webcam y mucho laboratorio digital). Pero la noche en que distingo la forma general del cumulo abierto de las Pléyades --en lugar de la habitual estrella de cuarta magnitud que evidencia alguna mala compañía, y que es lo que me cuesta vivir bajo mugre suspendida y luces mal apuntadas--, esa noche, como algunas recientes lo fueron y ésta misma lo es , ya no busco un planisferio del firmamento, o unos casquetes polares y regiones ecuatoriales, sino mapas detallados.

Inútil abundar sobre el grato hallazgo del Pocket Atlas de la editorial de Sky and Telescope; digamos que salió de una biblioteca, y reservemos detalles para los amigos que sepan escribirme.

Entre tanto, conozcan como se distribuye la desazón de no conocer la negrura y a las criaturas que la interrumpen. Y pensar que una hermana me cascaba, hace años, por mis quejas de perderme todo lo que estuviera por debajo de la tercera magnitud.

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2 Comments:

Blogger Severian said...

Mi primer telescopio lo hice ne tercer año del secundario, incentivado por un profesor de física loco que ignora haber sido uno de los responsables de mi carrera. Compré parte los materiales en una casa de plomeria: un caño de PVC de 5cm de diametro y otro de 4cm, una tapa para la punta del caño pequeño, donde hice un agujero para colocar el ocular, y una reducción para el extremos del caño grande, que sostiene la lente y hace las veces de sombrilla. La lente de dos dioptrías la compre en una óptica de calle 7, y el ocular lo tome prestado de un viejo microscopio de juguete.

Lo notable es que a pesar de los materiales (las rugosidades de la lente se palpan hasta con dedos de albañil) se pueden ver dos satélites de Júpiter (supongo que Europa y Ganímides, que son los de mayor albedo). Pasé noches sin dormir.

Mi siguiente telescopio era en realidad un viejo teodolito. Si bien el aumento era mucho menor que el del engendro anterior, la perfecta calidad de las lentes permitían ver los cuatro satélites galileanos.

En cuanto a mapas estelarers ¿Probó google earth - sky? no digo que sea perfecto, pero para buscar a ojo sirve.

Pucha, ahora me dieron ganas de ir a buscar el viejo teodolito. Sepa que acaba de cagarme mi proyecto de dormir durante todas las vacaciones.

26/12/08 13:16  
Blogger Peste said...

Emocionante. Yo no tuve mas telescopio en mi ni#ez que el del Observatorio (y tampoco iba tan seguido, cachendie). Pero si tengo al alcance de la mano en este momento la edicion de Eudeba del Texereau del '51. Cuando quiera.

A los galileanos los puede ver cuando quiera con los mentados prismaticos Tasco de 10x40. Estan en prestamo. Se figurara, de todos modos, que hay que salir a la ruta para cachar algo minimamente interesante.

Para mapas estelares esta el Xephem, pasa que me da cosa darle bombo hasta que no pueda sacar una distro minima y autocontenida para que la gilada la corra en una maquina virtual.

Insisto: hay cartas, hay prismaticos, hasta puede haber pulido de espejos. Porque lo que habemos, ante todo, es locos.

26/12/08 15:04  

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