2008-10-22

Manija (IX): Ingeniería inversa

Así se tira la pared:

Empezá con dos seres. Pueden ser humanos, si querés, pero eso dista de ser un requisito. Lo que importa es que sepan entenderse entre ellos.

Separalos. Dejá que se vean, dejá que hablen. Puede ser una ventana entre sus jaulas. Puede ser un enlace de audio. Dejálos practicar el arte de la conversación a su manera.

Haceles daño.

Puede tomar un tiempo descubrir cómo. Algunos pueden huírle al fuego, otros a gases o líquidos tóxicos. A una criatura puede no hacerle nada un soplete o una granada, pero aterrorizarse si es amenazada con ultrasonidos. Tenés que experimentar; y cuando descubrís el estímulo exacto, el punto justo entre dolor y daño, tenés que aplicarlo sin piedad.

Les dejás una manera de zafar, se entiende. El chiste de toda esta rutina es ése: le das a uno de los sujetos los medios para acabar con el dolor, mientras que al otro le das la información de cómo llegar a ese medio. A uno podés presentarle una forma, y al otro todas las opciones. El dolor se termina cuando el ser que tiene la elección elige lo que el otro vio. Y ahí empieza la joda. Miralos retorcerse. Si --cuando-- le pegan al interruptor, te enterás por lo menos de una parte de la información que intercambiaron; y si registrás todo lo que pasó entre ellos, empezás a hacerte una idea de cómo la intercambiaron.

Cuando resuelvan un rompecabezas, dales otro. Mezclalos. Cambiá sus lugares. Fijate como distinguen entre círculos y cuadrados. Probalos con series factoriales y de Fibonacci. Seguí hasta que obtengas una piedra de Rosetta.

Así es como te comunicás con una inteligencia hermana: le causás dolor, y seguís haciéndolo, hasta que podés distinguir el lenguaje de los gritos.


Ésto, y mucho más, en una novela de Peter Watts que ya cité. La triste traducción tiene más de mi idiolecto corrompido que de la prosa fresca y atorranta del autor, pero es lo que hay.

Labels: ,

0 Comments:

Post a Comment

<< Home