2008-10-08

Idioléxico (XVII): Edición atípica, pero no menos amargada

En este weblog no se acostumbra a hablar de otros usuarios de estos nuevos medios ("entre incendiarios...", etc.), pero hay situaciones que me fuerzan a practicar una excepción. Situaciones como la presente, en que los de la secta Gutenberg se involucran, opinan, entronizan y defenestran.

Vienen los yanquis apocopantes, y de la World Wide Web y del humilde y tradicionalmente manuscrito log* --que es mas bien un journal**, cuando no una soapbox***-- hacen primero un weblog y luego un blog. Los compuestos (photo weblog, video weblog) terminan siendo meras variantes de una letra: flog, vlog. Los de afuera se pierden como otros tantos turcos en la neblina.

¿Quién mejor que un ciego a quien se ha enseñado a alucinar**** por unas pocas monedas para mandarse la parte del tuerto, y autoproclamarse profeta y líder? Probablemente más de un weblogger pudiera pelearla muy bien, y por eso es que hay que ignorarlos en general, y ridiculizarlos en ciertas situaciones particulares.

Entra en escena el flogger... no el látigo, un pendejo que aprecia la interacción social derivada de postear, ser comentado y linkear, pero que le tiene mas cariño a su camarita, al mouse, a Google Image Search y a diversos imageboards que a un robusto pero excesivamente complejo teclado*****.

Rápidamente, se los pinta como una tribu homogénea. Atras quedan los miles de usuarios de fotolog.com y otros sitios que no se fotografían predominantemente a sí mismos, los adultos, los que vienen de Flickr******, los dibujantes, los escultores (echados por obscenos)...******* Eventualmente, salen en los diarios agarrándose con la tribu de enfrente. Los que se limitan a hacer lo suyo no salen en la foto.

Se salta de la categorización gruesa a los individuos excepcionales. Sale a enfrentar las luces esta chica, Cumbio. Y no sale de allí, porque tiene un ojo superlativo para su propia imagen (y para poco más, si mi vuelo de pájaro no fue excesivamente superficial; discúlpenme, las indigestiones empeoran con los años). Postea obsesivamente, a repetición, hace variaciones mínimas y reimprime, a veces se saca los anteojos --si sabe que el flash no la va a encandilar. Y le hacen links, tarde o temprano, todos. La chica se sabe vender, eso es indudable.

¿Qué es lo que vende?

Prefiero ignorarlo. Algo habrá, pobre, que no le devuelve el espejo, y tiene que salir a buscarlo.

¿No lo hacemos todos?

Ah, no. Se me cayeron de la hoja, y ya no los echaba de menos. Los plumíferos, que trabajan de espejos. Mismo como los de los laberintos, esos curvos, tan fieles sus imágenes a los objetos que les sirven de víctimas.


Tomárselo con soda, ése es el secreto. Pero no ponerle azúcar, porque se va a la cabeza en un santiamén.

(*) Libro de bitácora; esta palabra tiene una derivación interesante, cosa que no le mueve un pelo a los que despojaron a la expresión de su primer término y la achuraron cuando estuvo solita.

(**) Diario.

(***) Tarima.

(****) Como en el cuento del manicomio de las Martian Chronicles.

(*****) "Doce notas son pocas, pero veintiséis sonidos son demasiados"; vaya a saber de dónde tengo esa cita. Me suena a la rosarina.

(******) No, no estoy a la altura, pero ¿dónde mandar el chivo, si no?

(*******) Es una gran reunión familiar, ¿me sigue? Riera alguna vez hizo algo mas osado que una Barbie, y bueno, se buscó su mala suerte.

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