2008-09-16

Qué país generoso (IX): Un clásico panamericano

Septiembre, desde hace unos años, es el mes ideal para diagnosticar problemas de postura política. Dejo la selección de los aniversarios a mis despiertos lectores, no sin acotar que, en contra de lo que les pueda pasar por la cabeza a los habitantes de un yogur, existen izquierdas y derechas, y otras divisiones no menos importantes.

Consideremos el clásico rioplatense del fin de siglo: la Guerra Sucia. Podría decirse que estamos a mitad de una revancha, injusta según algunos, despareja, lenta y publicitaria según otros. No se me ocurriría embretar a la justicia en esto --por los defectos antecitados-- sino mas bien delimitar grupos:

  • Unos creen que, en efecto, hubo una guerra entre dos bandos, y eligen no asociarse con ninguno.
  • Otros se anotan de un lado o de otro, y siguen hinchando como si el partido continuara, o se lamen los estigmas, o creen estar rearmándose para la siguiente temporada (no se apuren, el libro de pases sigue abierto...)
  • Aún otros sostienen que hubo una masacre de inocentes, pero por suerte ya pasó, y el nene ya esta contento y salió a jugar. Esperá, vuelve con la rodilla lastimada... ah, ¿no es la rodilla, sino la cabeza?
  • Los más, en estos días, piensan por unos minutos que los partidarios de cualquiera de las posiciones anteriores exageran, y piden otra cerveza.

Comparemos, en caliente, con la ensalada generada por la caída del World Trade Center:

  • Unos creen, con Orwell, que hay que seguir amando a la patria, aunque haya perdido el rumbo; y que timonearla de vuelta hacia el concierto de las naciones civilizadas es una cuestión meramente política.
  • Otros se reservan el patriotismo para el momento en que puedan mandar a la cárcel a los que secuestraron la nave y la están llevando derecho a encallar en las costas de la barbarie. Entre tanto, tampoco hacen la revolución pero, ay, con que ardor no la hacen.
  • Una fracción extremista, sin embargo, prefiere encontrar sus simpatías allende los mares, comulgando con el enemigo, y prefiriendo el extraño frente a sus compatriotas nominales, que no entienden donde están parados (o que ya no lo están).
  • Los extremistas de signo contrario se limitan a señalar que si ladran, por algo será, y a frotarse las manos.
  • Y bueno, indiferentes habría incluso en la Alemania de Hitler, y tarde o temprano venía el Partido a afiliarlos (y así les fue, andando la guerra).

¿Qué pretendo con este desordenado inventario de miserias humanas? Y ¿de qué la voy mezclando entre tanto error alguna verdad?

Mostrar, a mi satisfacción al menos, que los problemas que tenemos tienden a ser los mismos, recurren en patrones estables, sobreviven a sus causas inmediatas y, una vez que se los aprende a reconocer, se los halla una y otra vez en las regiones más aparentemente dispares. No son inevitables, y es por eso que escribo esto, en lugar de irme a fundar una secta o un partido político. Convengamos, tambien, que hace como seis años que me venía aguantando --y entonces la cuenta de cadáveres, desconocidos y demasiado conocidos, era menor.

Disparen, si lo desean: faltarán antes cartuchos que blancos móviles.

Labels:

4 Comments:

Blogger Jack Celliers said...

Nadie disparó. Yo llego tarde, como casi siempre, pero si quedan cebitas voy a probar.

Otros se anotan de un lado o de otro, y siguen hinchando como si el partido continuara, o se lamen los estigmas, o creen estar rearmándose para la siguiente temporada

No lo sé. Realmente no lo creo. No creo que pase eso en Argentina. La mayoría de la gente no quiere anotarse en nada de nada. Pero se trata de un conflicto recurrente que, oh milagro, está siempre ahí a pesar de que casi nadie quiere anotarse en él. Y es recurrente porque - como todo lo recurrente - no está resuelto.

El conflicto por lo tanto volverá. Mejor dicho: ya está aquí. Lo que ayer era violencia política hoy es violencia social. La "temporada" se da cuando el bando históricamente perdedor (y no me diga que no sabe cuál es, porque encontrar los millones perdedores en Argentina es tan fácil como encontrar los pocos cientos de ganadores) empieza a tomar conciencia de que lo están estafando, de que esto es mentira, de que no se puede pasar una vida y dos en la miseria más miserable, y se decide apenas a gritar un poco más fuerte y organizadamente, momento en el cual los ganadores de siempre le golpean la cabeza con un bate más duro todavía.

Eso es lo que ocurre, y frente a eso estamos.

Salud.

19/9/08 18:09  
Blogger Peste said...

No se haga problema, tengo un amigo brasilero, artesano y fumador de cannabis que, con alguna regularidad, encuentra a quien decirle você está em outro tempo. aunque no lo acompañe con unas secas. Lo divertido del caso es que lo dice en un portuñol de lo más cerrado, y hace por lo menos dos décadas que vive en estas costas.

Pero me voy del asunto. No, por cierto que no hubo resolución del conflicto, mas allá del previsible (y desusadamente violento, para la expectativa de la época y el lugar) "quédense en el molde, por algo nosotros mandamos y ustedes no", que no deja de ser temporario (como vienen comprobando los perpetradores, para su amargura). Pero el violento desacuerdo que tengo aún con los que llevan razón es que no saben dónde estan parados, ni dónde esta parado el enemigo, y en más de un caso sospecho una insolvencia política que trasciende la ignorancia (corregible) o la traición (fusilable).

De ahí que el traumatismo craneano sea, también, previsible, y no importa cuánto nos duela ("a mí me duele mas que a vos", se decía).

20/9/08 00:54  
Blogger Jack Celliers said...

Bueno, el violento desacuerdo con quien llevan la razón (o algo de razón, o que al menos se oponen de alguna manera a la demencia imperante) lo tengo yo también, y creo que lo hago público más de una vez. Pero así y todo le soy franco: me parece que no está de más evitar la simetría perpetua y la equidistancia eterna como si se tratara de dos bandos de loquitos que no entienden nada. Porque de ahí a los dos demonios hay un paso. Yo creo que no son lo mismo, por mucho que despotrique y reparta palos a mi izquierda.

Por otra parte estoy plenamente de acuerdo en que ...no saben dónde estan parados, ni dónde esta parado el enemigo, y en más de un caso sospecho una insolvencia política que trasciende la ignorancia (corregible) o la traición (fusilable). Pero pregunto: ¿Lo sabemos nosotros? La pregunta no es retórica ni chicanera. Digamos que sabemos algo más, que estamos seguros de ver cosas que otros no ven ¿Qué tan seguros estamos de lo que valemos? Hay tipos a los que respeto aunque discrepe profundamente con ellos ¿sabe por qué? Porque sé que están dispuestos a hacer cosas de las que yo, sinceramente, no estoy nada seguro. Me refiero a arriesgar la vida y esas boludeces.

Salute.

23/9/08 10:20  
Blogger Peste said...

Mire, estoy en un lugar publico, y me estan quemando la cabeza con pavadas, asi que
tendre que ser esquematico.

No, es cierto, no son lo mismo. Pero precisamente, los que nos quedaron estan muy perdidos y muy desarticulados, y no en parte menor por haberse comido teorias e interpretaciones bien desconectadas de la experimentacion, del contacto franco y repetido con el enemigo. A falta de contacto con este, cada dos por tres estan descubriendo el enemigo interno.

A la segunda parte, por falta de tiempo le dejo picando, por ahora y a modo de analogia, un pensamiento atribuido a Einstein, con el que --gruesamente-- no estoy de acuerdo:

Science without religion is lame, religion without science is blind.

Pero ya sabra para donde voy.

23/9/08 11:41  

Post a Comment

<< Home