2008-09-30

Manija (IV): A ojo de satélite

Son irreconciliables por definición; su llamado crecimiento consiste enteramente de estiramientos y flexiones ordenadas a lograr la configuración mas cercana a una ortogonalidad mutua: uno descree de la acción, otro no cree más que en ella, y el tercero sufre por los fracasos o inacciones del malpensante y del malhechor.

Cuando el mundo se complica, la guerra fría se vuelve exotérmica, y por días o semanas el mundo se detiene mientras los titanes disputan todo derecho y exportan toda obligación. Eventualmente, deciden que la vida que quieren llevar bien vale una misa, firman un armisticio, y pagan uno o dos platos rotos para reconciliarse con los dueños de casa.

En esta posguerra se han sincerado, y quieren dejar de ser los adictos inútiles que celebraban cumbres de champaña y cocaína; y es por eso que ahora la inmunidad diplomática les fue arrebatada, y a cada paso deben cuidarse de ser tratados como los criminales comunes en que se han convertido; siempre acompañados, vigilados, justificados, consentidos.

¿Se quejan? Claro que sí. Pero saben que las contorsiones y las acrobacias son el precio que eligieron pagar por no ser héroes; como miserables deben vivir una vida que de la que cualquier hombre libre aborrecería --pero no pierden el sueño con las mentiras de los poetas; antes bien, lo concilian prematuramente.

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