2008-09-23

Manija (I): Y en la mano de aferrar tenemos

Se sabía que no podía durar, que el equilibrio de una tal mezcla era inestable, que llegaría el momento en que el incremento de presión y temperatura dieran por obsoleto el simple modelo termodinámico...

Bien, bastante de jugar a los post-estructuralistas; digamos simplemente que las familias tradicionales --y sus múltiples accesorios de trampas, fiestas y otras válvulas de seguridad exogámicas-- se encuentran hoy con una competencia feroz*.

Digamos que, habiendo cumplido con mis genes**, me encomendé a los dioses, rivales pero colegas obligados, que rigen el principio de c*giendo se conoce gente.

Digamos que conocí aún lo que hubiera --en momentos de debilidad-- preferido ignorar.

Digamos que, si violé pactos preestablecidos, no fue con la peor intención, sino solamente con la más miope cortedad de criterio de que era capaz.

Digamos, en fin, que no valió la pena, si hubo de costar tanto; o que lo valió, si el pantano de error en que nos hallamos sumidos es secable.


Digamos, sí: pero por ahora, ustedes callen.

(*) Y, en general, pierden: el tejido social que las apuntalaba --o destruía, segun conviniera-- y condenaba a los transgresores está un poco ralo en estos días. (**) En un rincón del mundo / la historia se cayó.

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