2008-04-30

Sí, pero...

[H]ay una solución fácil para cada problema, que es clara, creíble y equivocada.

(H. L. Mencken)

No puede ser de otra manera. Cuando insisto tanto con arreglar el mundo, mientras acumulo borradores cada vez más deshilachados de conversaciones de mi fuero interno es que, con la excusa de dejarlo madurar, apuesto a que se pudra y no me joda más.

Me vuelve a amargar admitirlo, luego de entenderlo por momentos y por partes, pero la justicia social* empieza por casa, el castillo, el cuerpo, la propia vida, y eso es una papa caliente que ninguna refrigeración (¿religión?) podrá volver agarrable. En este contexto, el dinero sólo sirve para ensuciar las manos, no hay otro aislante --por pobre que sea-- que el tiempo personal invertido en trabajo dentro del estrechísimo espectro de tareas que uno, y nadie más que uno, debe cumplir.

Pueda ser que si desenredo de esta única hebra libre de nudos todo el resto de la madeja, se me figure qué rumbo tomar, y si vale la pena arrastrar a alguien tras de mí. O a lo mejor me pongo a postear todos los días, quien sabe.


(*) Si le joden las palabritas, lea robinhoodeada y siga.

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