2008-03-24

Una larga despedida (XLIV): Pascua de entierro

The thing no customer of a prophet wants to hear: the timing is all wrong.

Será mítica la distribución semanal y estacional de los picos depresivos*, con su reflejo en las estadísticas de suicidio, pero mi bruta maquinaria somatizadora no atiende razones: hoy domingo experimenté sucesivamente dolor en la baja espalda, un simulacro de estadio inicial de gripe --que intenté disimular con una siesta que pretendió ser postprandial--, diarrea, dispepsia y, horas más tarde, rinitis.

Veamos. Un componente dice misantropía, el otro mal de amores, aún el otro amenaza futura a la supervivencia. Pavadas, dice la resultante, y la somatización no existe. Peste le discutiría a doña Rosa Resultante los mecanismos por los cuales uno puede ingeniárselas para sentirse mal, pero considera que es un desperdicio de su valioso tiempo, y prefiere explorar las propiedades dieléctricas de diversos plásticos mientras tenga un oscilador con el que alimentar su puente de capacidades (cuando lo desarme para usar las partes para otro circuito será demasiado tarde). H, en mudez histérica, finge parálisis y hace gestos con los ojos para que le alcancen tal o cual objeto o persona que cree estimulante. Nanny, viendo a su paciente predilecto revertir a la primera infancia, ronronea de placer, lo ata, y bosqueja un plan de engorde (¡está tan flaco, criaturita de Dios!). Peste les dice que es la última vez que les pide silencio, y remarca las palabras con un soldador amenazante, "recuerdo de su padre", acota irrelevantemente. H decide que la obesidad no es un peor destino que la cirrosis. Nanny adivina lo que H piensa y le dice que claro que no, que se fije en su amorcito. H ensaya una mirada de odio, pero Nanny ya aprendió la impermeabilidad, y le resbala como tantos fluídos que ha tenido que trapear. Peste deja el soldador sobre un cenicero, vocifera que lo dejen vivir, ve el cenicero de nuevo, y le pregunta a H dónde dejó la pipa. H señala con la mirada y sonríe, satisfecho con la vida. Nanny abre una ventana...

Si no estuviera tan desparramado por vaya a saber qué territorios para los que no tengo mapas, convertiría este habitat en la más pacífica sala de lectura, pero antes debería silenciar las voces, y no hay Samuel Colt que me ponga a la misma altura que mis demonios: tienen la ventaja de no tener que pensar en otra cosa que en sus angostas habilidades y en esconderse después de dar el golpe.


(*) Tradicionalmente, domingo al atardecer (según Emilio Rodrigué, y si las latas no me estafan, "la hora a la que se masturban los obispos") y --en el otro hemisferio-- fin de año; desconozco la sinergia local, si la hay, entre invierno y vacaciones cortas.

Esto aparte: nadie esta exento de tener que improvisar un calendario para un año pasado o futuro, y nunca está de más una ayuda para lidiar con esas molestas fiestas cristianas que cuelgan del calendario lunar.

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