2007-11-28

Escuchado por ahí (XLV): Oro de los tontos

Hace más tiempo del que tengo voluntad de contar, me encerré en una oficina no muy oscura, con un tipo que no estaba particularmente fuerte, y nos dedicamos el uno al otro durante un buen rato. El representaba un cazador de curso por correspondencia y yo, una presa juguetona y maldecida con la suerte de los principiantes.

Se sentó en un sillón. Me sorprendí de encontrar una silla giratoria y ajustable de mi lado del escritorio.

--¿Sabés leer?

--¿Eh? ¿Perdón?

--No, no me actués el zonzo aca, no te va a salir. Te pregunté si sabés leer.

--Pará, me traés para ver si sirvo para un laburo de dar clases de Excel ¿y querés saber si aprendí a leer?

--Eso ya esta mejor. Mirá, no es raro que acá vengan analfabetos funcionales.

--¿Leen pero no entienden? ¿Qué no entienden?

--Ah, así da gusto. Al grano. Se pueden leer otras cosas que libros, o diarios y revistas llegado el caso. Para usar una PC hay que saber leer la pantalla. No sólo el texto y los iconitos, sino el orden en que esta dispuesta. Despues hay infinidad de trabajos que dependen de leer signos que no son textos, o que se podrían traducir a textos solamente con un esfuerzo de interpretación. Lugares, situaciones, personas, a eso me refiero.

Un pendejo no está preparado para ubicar una tal parrafada en algo que pretendía ser una entrevista de trabajo. Pase a la defensiva; segun me pareció, me tocaba determinar si la excentricidad aparente constituía un peligro. Como mínimo, de que el tinglado se viniera abajo sin aviso y no cobrara un mango.

--Mire, yo vidente no soy, sé algunas cosas y creo que sé ponerlas en palabras para que otros las aprendan.

--Por cierto que no sos vidente. Este trabajo es un poco más que disertar frente a un pizarrón. Ojo, a lo mejor me equivoco, y lo que no ves es porque no te va a pasar.

Experimentar una sensación agradable cuando te estan atacando no es auspicioso. Ni siquiera cuando podés atribuirlo a una forma de transferencia. Hice amago de cambiar de tema.

--Dígame, yo le entiendo que le hubiera venido bien tener ese curriculum que le prometí, pero también le puedo contar...

--¿Me lo podés tener para ayer a esta hora?

--¿Eh?

--¿Otra vez? Qué pesado. Que si me lo podés tener para el día de ayer, martes veintiuno, a esta misma hora.

--No, viejo, ahí me ha perdido.

--¿No podés?

--Je, creo que no.

--Bueno, entonces es al pedo ahora. El que se preocupa de esas cosas es mi socio, yo no tengo pasta de arqueólogo. Aparte pedirle un CV a un pibe como vos es una crueldad inútil.

--Menos mal, si le hacía uno iba a ser noventa por ciento...

--Cien, digamos. Cien por ciento verso.

--Más o menos, sí.

--Ojo, yo se que vos algo has hecho en esta vida, si no, no estarías sentado ahí, pero como cualquiera que se siente un poco inseguro de lo que vale, también habras inflado cada línea hasta que la credibilidad quedó hecha bolsa. Salvo los promedios.

--No hay mucho que decir por ahí, soy un dropout.

--¿Un..?

--Desertor, creo que se dice acá. Primaria completa.

--¿A donde entraste para salir tan rápido?

--Al Nacional.

--Ahí te das cuenta pronto, es cierto.

--¿De qué?

--De que es todo una farsa.

--¿Todo? ¿Tanto como todo?

--Bueno, la parte que te venden como buena habría que tirarla, lo que te dicen que está verde ya está maduro y debiera ser lo normal y corriente, y si te sentís jodido en serio debieras buscar que hay rescatable entre lo que dicen que es malo. Te llevarías mas de una sorpresa.

--Las sorpresas me joden un poco.

--Por no decir que te joden mucho. Muchísimo. Que matarías a todo el mundo para que las sorpresas se terminaran.

No me dejo sin palabras: me dio con una bolsa de hielo en el diafragma.

--¿Viste que a la gente también se la puede leer?

Eché mano a todo lo que me quedaba:

--Diría que no me había traicionado tanto. Diría incluso que no se quién es el traicionado, pero no se parece a mí.

--Todos hemos deseado muerte y destrucción. Es parte del desarrollo. Algunos no lo superan nunca, claro.

Entendí que no me estaba animando a cuestionarlo en ese punto.

--Disculpe, no, pero a mí me han enseñado a dudar de las observaciones aisladas, de las anécdotas y todo eso.

--Hacés bien. Escuchá esto, entonces.

Clickeó aquí y allá en la computadora, tipeó un poco, clickeó de nuevo, dejó el mouse a un costado y, desembarazado, atacó el teclado. Si quería impresionarme, lo logró: no estaba acostumbrado a otra cosa que la general torpeza de mis congéneres. Antes de que pudiera intrigarme en demasía, empezó a leer:

Para él, un afectado amor geométrico por el orden era "método", un interés incansable y febril por las menores peripecias de la burocracia cotidiana era "diligencia", la indecisión cuando estaba en lo cierto era "cautela", y la terquedad ciega al persistir en el error, "determinación".

--¿Qué te parece?

--Creo que conozco una colección de esos rasgos. Una ambulante, parlante y todo eso.

--¿Ves?

--No, no veo.

--Es fácil leer a la gente, porque uno nunca ve el código, sino los comentarios.


Continuará. Bah, ¿quien sabe?

Labels: , ,

2007-11-25

Escepticismo (IV): Un aguijón del destino

La invitación insiste en interponerse entre lo que busco y mis fútiles esfuerzos. La miro una vez más. Decido que los inconvenientes de hacerla valer no son tantos, despues de todo he hecho cosas menos prudentes por réditos menores. Una cierta curiosidad morbosa me aguijonea.

Dejo que el resto de mi vida se ordene sola; las rutinas se encargan de las horas, el instinto asesino de los puntos de inflexión. (He tenido peores épocas.) Las obligaciones vienen y se van.

Me despierto sobresaltado de una siesta un tanto tóxica. Una cierta sed me atormenta. Procedo a ignorarla por recurso al equivalente psíquico de las pastillas o los botones. Pasa una hora, consulto el reloj, chequeo la invitación: ya no hay fuerza que me lleve a destino a tiempo para cumplir la cita civilizadamente, y soy enemigo de ciertas discusiones.

Ignorar la sed es mas importante; y si fracaso, siempre puedo atender a lo que me dice mi demonio de la guarda, y salir a procurarme sangre que me la calme por una semana o dos. Y en cualquier caso, en unos días vendrán a cobrarme una libra de carne: las deudas de juego son sagradas, y más para los tramposos como yo.

Labels:

2007-11-23

Escuchado por ahi (XLIV): M'hijo, va a acabar en una zanja

... me propongo despejar la confusión que pueda haber creado, y ayudarte a despejar la que pueda haber hecho nido en tu mate... hablando de eso, que tu lengua siga tan verde como siempre... si se pudiera llamar amor, y yo no lo hago, pero es mi deber mantenerme alerta... peca de rareza extrema desde su origen, habiendo pedido disculpas a cada paso durante su gestación... desarrollo que significa una trastocación de los términos de una relación que creíamos comprender... víctima de un encasillamiento... no puedo ofrecer mejor prueba de fosilización mental...

(Aquí amainan las tachaduras)

La real facilitación se suele disfrazar de obstáculo o incluso de indiferencia... fijate que hoy, sin alharaca, fue uno de los días en que mejor me he sentido en mi p*ta vida sin tomar nada --aunque vaya a saber si no fabricándola yo, sólo el demonio sabe que destilería infernal entra a funcionar cuando a uno le pasan estas cosas--; esto es, el autosabotaje hizo una remisión espontánea que reíte de Harry Wintergreen...

Esto aparte, al rato de dejarte a las fauces del mercado me tocó marcar tarjeta, y el bajón me mató. La convivencia nunca es fácil, pero cuando el co-conviviente se ha vuelto un robot, púdrese la digestión y renglón seguido el carácter... Como [clon] tengo que hacer cosas que no tendría que hacer [si hubiera nacido naturalmente].

Si querés hacerme feliz, sorprendeme, no me escuches cuando te diga que no soporto lo imprevisto...

No fue terminada, es claro, y probablemente nunca hubo intención de enviarla, pero ¡ah!, qué infame deseo de estar en la piel de cualquiera de las partes. Al menos durante la aparente fase estúpida y radiante.


2008.09.30: link a Carcinoma Angels, de Norman Spinrad.

Labels: ,

2007-11-19

Escepticismo (III)

Cuando la concentración de irritantes se mantiene baja, descansan los músculos de la mandíbula, y se me duerme el destino. Es un bebé o un gato, todavía no lo decido: es estridente, manipulador, y habitante más de aquél mundo que de éste. Si vigila, me convierte en niñera; es natural que cuando cae, intente reanudar lo que considero mi vida real, tan pronto silenciosa y meditativa como luego cosida de vicios y agachadas.

Entre tanto, mi detestación por los que se borran las cicatrices sigue intacta. (Probablemente ese mismo rasgo sea una cicatriz.) Observar la Luna me inspira: el contraste con esta cruza infecta de habitat, pozo gravitatorio y cámara de torturas no podía ser más amargo.

¿Observar, dije? Más bien, parasitar las observaciones de otros, y deplorar la mayoría de las referencias, interpretaciones o símbolos; el trabajo de pasar en limpio los propios está casi terminado.


Nunca la proyección del terminador tiene menor radio de curvatura que el disco planetario, gentes, dejen de jactarse de nunca haber mirado el cielo, o de que no les haya hecho mella lo que vieron.

Labels: