2007-10-07

Cuanto más cambia, más sigue siendo lo mismo

En otras épocas --evitemos calificativos--, apestarse o accidentarse podía muy bien ser visto como un castigo divino, como una clara evidencia de que uno no era todo lo limpio que podía haber sido, y máxime estando sobre aviso.

En este tiempo moderno, apestarse o accidentarse significa que uno no se cuidó. De qué, por ignorar la sabiduría y habilidades de quiénes, o qué significa la dicha omisión --tan compleja a veces--, varía según quien juzgue, pero el mecanismo no está en cuestión.

Porque, recordemos, en este mundo hay un orden y, sobre todo, justicia. Nada ni nadie por fuera ni por encima.