2007-09-11

Que la nieve fría

Apuntamos a tu nariz,
Hundimos tus pómulos
Y vos resplandecías.
No te quedó sueño por vengar
Y ya no esperás
Que te jueguen limpio nunca más.

(Carlos "Indio" Solari et al, 1991)

Podría equivocarme, y la muzak que me hace triscar alegremente a mi perdición --esta no es manera de llevar una civilización, pude haber dicho si las palabras no se me hubieran estancado y podrido debajo de unas malas hierbas-- fuera una bella e inocente canción, incapaz de herir a nadie en su simpleza. Podría ser que la vida valiera la pena ser vivida aún bajo una tal infección, como tantas simbiosis que en el mundo han sido y serán. Podría ser que necesitar de algo que puede faltar o fallar no fuera perder, o perderse, y caer ya en la noche desde la que nadie puede pelear la buena batalla.

Podría ser que todo eso fuera cierto. Podría ser que la obvia amainada y despejada fuera susceptible de cultivo y crianza, que el río pudiera cambiar su curso, que no todo fuera sólo la preparación para una gloriosa y estúpida cascada final. Podría ser que el espíritu encerrado errara en cambiar las riquezas del mundo por una muerte rápida o ingeniosa.

Ahora, la pregunta obvia, tanto que no me interesa responderla, es: ¿por qué querría yo querer todo eso?

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