2007-08-31

Circulen

En la primavera pasada, casi me quejaba de estar entre los vivos. En este fin de invierno, me quejo, definitivamente, de pasar entre ellos como un obstáculo irregularmente móvil, como un manojo de órganos inoportunos, como un avatar de Pero Grullo, como el peludo al que no puede faltarle una tarjeta de salutación colgada del cuello.

Las mismas cosas me causan inflamación o alivio, pero el necesario diálogo interno que debe preceder a toda manifestación organizada de esa módica actividad mental está entorpecido por una música pegadiza y de inexpresable pobreza, rasgos que la asemejan a un ancla o, a ratos, a un chaleco de fuerza.

Me dicen que la corrosión le es inevitable. Hasta que ésta opere, habré de ejercitarme como lo hacen los presos en celdas solitarias, discretamente, con método, sin expectativas.

Labels: