2007-03-16

Cierre de sesión

Señores, les ruego silencio, al menos por un momento que me toma abrochar este punto. Nos reunimos para ver como el infeliz aquí... allí, presente, despedía otro año que ya no le va a volver, y en el que no ha progresado un soto, e incluso ha retrogradado en forma, según lo que se le escapa entre copas al médico de cabecera del despojo con documentos. En verdad, su presencia nos avergüenza, y si algo de consciencia le queda, el contraste con nosotros no puede sino torturarlo bastante. Propongo un brindis por el encuentro, olvidando por el momento lo indigno de la excusa, y rematarlo luego con libaciones equivalentes ofrecidas a los dioses sobre la plúmbea testa de la impura bestia de sacrificio, y con un paga Dios que le haga reflexionar sobre el misterio de la bondad humana, que a tan pocos visita y que tan impredecible resulta, en especial para el que se encuentra desesperado. ¡Salud, y a dormir la mona!


Ni hablar --sí, a usté le hablo, al de nombre de prócer--, que esto no le está dedicado, aunque coincida con su fecha. Pero confieso que me lo ha inspirado, entre meditaciones ociosas sobre la ceremonia que nos espera esta noche.

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