2007-02-05

Y un triste vaso de vino

Es palmario que esta civilización se desintegra, no menos a golpe de actos de violencia economicamente motivada* que por omisiones de gravísimas consecuencias. Sin ir más lejos, no tengo idea de qué demonios puedan estar aprendiendo mis menores en este momento, pero no me cabe la menor duda de que muy poco cae fuera de las categorías de lo inútil y lo perjudicial.

Por ejemplo, algo que ha caído en la oscuridad más absoluta es la existencia de los contratos implícitos, que vienen a ser las unidades culturales de la tradición. Concretamente: si yo hago una empanada, doy a entender que si bien el relleno puede no ser presentable, es apto para consumo humano; y, a la inversa, si me como la empanada, confío en el buen criterio del que la hizo, al menos en la delicada diferencia entre ser y parecer.

¿Querrán creer --así puestos en antecedentes-- que hay empanadas comerciales que incluyen exactamente una aceituna con carozo?

Personalmente, puedo creer en la hijaputez de un empanadero; pero la indiferencia de su clientela no deja de frenarme, cada vez que la considero, por esa fatal fracción de segundo que podría iniciar mi camino al manicomio. ¿Es que nadie come esas empanadas viendo televisión, o despotricando contra K (o cualquier otro caso de alfabetismo), o simplemente perdido en un lazo infinito de ideas volátiles?

Lo que es peor: ¿nadie lee ficción como antes? ¿Son necesarias las reflexiones, las referencias, las digresiones, las teorías estéticas, las notas para un curso de literatura moderna, el contexto histórico exhaustivo, la pretensión vana de consistencia con todo lo publicado y por publicar?

Extraña uno las vanguardias con manifiesto, esos movimientos políticos disfrazados de irresponsabilidad que, en una sola movida conmovedora, admitían públicamente que eran incapaces de hacer explícito el contrato, pero se comprometían a atarse a él en nombre de las libertades que reclamaban.

Puede ser una visión romántica, pero ¿cuál no la es, en un weblog de este nombre?

No me hagan empezar con el Kitsch socialista, por favor.


(*) El autor del weblog linkeado no es perpetrador, sino testigo; y confío en que no me hace falta individualizar un post, en tanto que a duras penas hay mucho más que atestiguar cuando se ubica uno en cierto lugar y mira en cierta dirección.

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