2007-02-15

Idioléxico (II) / Una larga despedida (XLII): Lealtades y traiciones

Es tradicional, con la excusa de comprender el presente, zambullirse de cabeza en el pasado, con alguna idea de causalidad psicológica por toda protección. No se nos puede culpar, en la medida en que un presente descripto sin referencias históricas es un mazacote de datos con demasiadas pocas conexiones, o un bosquejo demasiado abstracto: las ideas de cambio, causación, intencionalidad, búsqueda, etc., ayudan a simplificar el cuadro. Sólo que, a veces, se simplifica demasiado.

Así advertidos, vamos a pasar revista a mis más recalcitrantes posiciones en diversos asuntos, reciclando para ello items biográficos selectos, y armando el caso sobre las lealtades y las traiciones. (Y esto, no sin alguna mordedura de cola por el camino).


Objetividad

Para creer que se es el único ser consciente en el universo hay que ubicarse en é; quien no se ha hecho nunca ciertas preguntas, siquiera de costado y por una fraccion de segundo*, no tiene en sí infraestructura para sostener las respuestas. Por tanto, hasta el momento, en mi pubertad, en que con ciertas ayudas me hice un cuadro de situación en el que entraba yo, muy poco bien me hacía la existencia del prójimo, salvo como recursos o amenazas. Recién entonces pudieron empezar a ser espejos o fuentes de estímulo; a partir de entonces sentí la emoción de pensar una misma idea con alguien con quien nunca iba a encontrarme --típicamente, al leerla en un libro. Desgraciadamente, esa sensación de una comunión de almas se evapora con facilidad, y en horas o días vuelvo a ser el mismo imbécil aislado, solitario desde siempre y para siempre, y tanto me importa la extinción de la humanidad, su continuidad, o cualquier cosa que pueda estar en el medio.

Todo esto está bastante relacionado con la pobre imagen que me hago de todas las culturas y subculturas que no son la mía; al no poder tener acceso más que a caricaturas burdísimas, y al tener un conocimiento visceral de lo que son respecto de la cosa real, prefiero retirarme a mi torre de marfil, que presenciar la parodia e intentar decodificar de ella el original, que seguramente merece respeto e intenso estudio.

Originalidad, creatividad, etc.

Yo no soy capaz de un pensamiento original. De hecho, diría incluso que no soy capaz de pensar. Eso me impulsa derecho a ese vampirismo psíquico que da en extraer ideas de los demás, de un modo mas o menos amable cuando están fijadas en un soporte técnico, y traumáticamente si el mismo es todavía un cerebro. Mi legendaria insoportabilidad viene de ahí, y es la que realmente decide con quien continuaré el trato y con quien deberé interrumpirlo por la salud de ambos.

Inteligencia

Por un lado, suscribo a la opinión de muchos investigadores en Inteligencia Artificial de que es la capacidad de resolver problemas de modo rápido y adaptable; eso me lleva a medir la mía por sus resultados, y a concluir de que una circunstancia vital tan lamentable es la que corresponde a un idiota. Por el otro, no he sentido placeres mas profundos que los de la comprensión de conceptos abstractos, lo que me hace aferrarme a mis migajas con todas mis fuerzas. He hecho lo que cierta gentuza llama una inversión emocional en la que he puesto casi todo mi capital. Convengamos en que no tengo mucho más: la familia que me queda en dirección ascendente me merece indiferencia o desprecio, mi mujer es tan autodestructiva que me forzó a hacer un duelo anticipado, a mis hijas casi ni las conozco, no tengo gato ni perro, y en mi vida he criado y cuidado una sola planta, a la que di en adopción tan pronto como vi que conmigo no tenía futuro. Y, por cierto, soy asquerosamente utilitario con mis posesiones.

No exagero si comparo, entonces, la menor hipotética reducción en mis facultades con la muerte; por eso la histeria respecto de los golpes en la cabeza, el desprecio absoluto que me inspiro con cada borrachera, la sensación de suciedad imposible de limpiar que me dejan los días de embotamiento y falta de cafeína, y la idea general de que me he traicionado poco más o menos cada día desde que supe cuales eran mis condiciones operativas óptimas y no las cumplí a rajatabla.

Naturaleza

Como opuesta a "cultura", "artificio" o "tecnología", o sea, mas allá de su justo lugar de infraestructura histórica y actual, el Lado Oscuro de la Fuerza; a donde va la gente como paso inmediatamente anterior a traicionar su real naturaleza, entiéndase, a pisar sus posibilidades de hacer algo digno, bello o útil, por la búsqueda de placeres primitivos que deterioran la salud, o por la huída de dolores primitivos que nunca mataron a nadie, salvo espiritualmente.

Convivencia

Nadie que yo conozca sabe convivir sin j*der a su prójimo hasta que éste desea estar a una distancia realmente grande. Las posibles excepciones son eso, posibles; dudo que alguna vez las confirme como tales. Yo podría convivir con un clon mío al que le hubieran grabado mi memoria, supongo, a condición de que accediera a ser mi esclavo: me conozco demasiado, y las alternativas no me atraen.

Muerte

No me opongo en absoluto a vivir eternamente --y con vivir quiero decir justamente eso, hacerlo como ahora, o de una manera directamente comparable; fábulas y cuentos de hadas aparte. Tampoco se me escapa el hecho de que el atraso tecnológico de esta civilización nos hace dignos de piedad --y quizas de un misilazo relativístico, para despenarnos--, y que la entropía tiende a prevalecer después de, a lo sumo, algunas décadas de una pulseada ridículamente desigual. Eso no quiere decir que tenga que suscribir a la tan común idiotez segun la cual de algo hay que morir. No tengo paciencia con la gente que muere por propia mano, por indirecta que sea la manera, porque no confío en el criterio de nadie para decidir qué es mejor y qué es peor cuando en un plato de la balanza lo que hay es nada; sabido es que los seres humanos tenemos serios problemas con los conceptos abstractos, y el cero y el infinito están bien arriba en esa escala.

Pero lo que mas me rompe la paciencia es la gente que, en lugar de suicidarse de un golpe, se arruina algún u otro organo y convierte su cuerpo en un campo de batalla entre traidores y leales. Agregar a la muerte incertidumbre y gradualidad es invitar a toda clase de parásitos y víctimas al mas privado de los actos, y me repugnaría ser recordado por una tal indignidad. No pensaba en otra cosa cuando, hace tres meses, intentaba recordar cuál de los hospitales publicos locales tenía un tomógrafo en estado de funcionamiento, y me avergonzaba por anticipado de quitarle el turno de una angiografía a algun otro pobre infeliz que no tuviera culpa de su traumatismo craneano. O casi no pensaba en otra cosa: también me humillaba la ironía de que la muerte me pudiera entrar por el órgano que, quien sabe, algun día quisiera mandar a conservar en nitrógeno líquido.

Futuro

Observando cuidadosamente las noticias, y analizándolas con un criterio educado, la impresión que uno se lleva es que estamos haciéndole todas las gambetas posibles a los futuros mejores que se nos ofrecen, y corremos derecho a uno particularmente interesante, en el sentido cruel de la palabra. Sin embargo, mientras esos otros futuros no estén descartados, confieso que tengo interés en ver cómo se va desenvolviendo la partida, y con gusto haría una apuesta con lo desconocido: como bien decía Larry Niven por ahi --para, renglon seguido, refutarlo en una historia--, solamente un mundo rico podrá darse el lujo de intentar convertir un cadáver congelado en algo que remede un ser humano vivo y sano. Y --quién puede decirlo-- una sociedad que elija pagar por testimonios históricos andantes y parlantes tal vez haya también empezado a hacer algo por superar ciertas limitaciones que ya se van haciendo pesadas, como la del habitat único y estrechamente interdependiente, los sindromes de abstinencia de recursos industriales que tantos criminales, grandes y pequeños, engendran generación tras generación, y la absurda precariedad de nuestros cerebros. Ya va siendo hora, después de pasar por la tragedia y por la farsa, de ir viendo si hay algo más: quiero imaginar que no estamos tan quemados para querer retirarnos con tan magras ganancias.


Las consecuencias de estas posiciones tan cándidamente detalladas no se pueden hacer esperar: soy un misántropo manifiesto, profundamente egoísta, que en general no tiene fuerza en sus convicciones, y cae en desagradables posturas serviles. Que pueda significar eso para alguien que tenga que tratar conmigo, lo puedo dejar tranquilamente al juicio de cada lector; generosidad, supongo, no les ha de faltar para colgarme de donde corresponda, como yo lo vengo haciendo con todos ustedes.


(*) Que la fracción de segundo sea eso, y no un período razonablemente prolongado, probablemente esté cerca de la raíz de muchos de los problemas que tenemos colectivamente; pero no me toca hoy analizar como otros se traicionan a sí mismos, o traicionan a otros, o hacen picadillo ideales que, después de todo, nunca tienen la universalidad que se pretende.

Esto fue compuesto y publicado con más prisa que cuidado, por razones que no vienen al caso. Manifiesten las críticas que les parezcan convenientes que, como dicen los que aporrean teclados para morfar, nunca hay tiempo para hacerlo bien, pero siempre hay tiempo para hacerlo de nuevo.

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8 Comments:

Blogger dolmancé said...

con permiso. traje guitarra.

objetividad: el desengaño que me genera darme cuenta de que la causalidad psicológica que atribuyo a alguien es puro invento mío es a veces doloroso y a veces liberador.
originalidad: yo creo que somos como delfines. aprendemos las morisquetas tautológicamente, por repetición. Todo acto creativo es un error en el aprendizaje. Juro que no lo leí en un libro de marketing.
inteligencia: la inteligencia artificial todavía no puede escribir traductores como la gente. Falta ese componente de caprichosidad digno de la condición humana.
naturaleza: el incesto no sería tal si no fuera por las fantasías incestuosas. Entonces la oposición naturaleza/cultura es ficticia (no natural), de la misma manera que la belleza es natural si hay alguien que la asimila como tal, simbólicamente, es decir, lejos de la animalidad. Bien entendido, todo el asunto es un engaño. Pero no puedo negar eso de la espontaneidad fraguada en plena búsqueda de placeres. Faltaría definir salud desde los puntos de vista artificial y natural.
futuro: ¿Con interesante te referís a internarse-en/penetrar-el-ser?

no hay con qué. Es como ensayar con metrónomo a cuerda sin la suficiente sensibilidad para detectar que es el metrónomo el que falla. Lo de morfar también puede aplicarse a comprar, y otras actividades de consumo que son siempre (aunque se diga lo contrario) solitarias. Ojo: siempre y cuando se cumplan condiciones normales de presión y temperatura. Así y todo, ser un weblogger tiene que ver con más bien con vomitar y vender, aunque, paradójicamente, también en soledad.

28/2/07 22:19  
Blogger Peste said...

Con sus tres primeros puntos no puedo argumentar, considerando mis opiniones ya manifestadas.

La oposicion entre naturaleza y cultura es un simple corte, menos arbitrario de lo que se vulgarmente se supone (tiene mucho que ver con la flexibilidad mental que surge de tener un lenguaje). Es construido, en lugar de encontrado, pero eso no quiere decir que sea ficticio. Mi postura es que si es util, no es ficticio, y a mi me resulta util, por tanto...

"Interesante" quiere decir "jodido", o sea, intensamente estimulante para que el pueda bancarselo, y todo el resto del espectro para los que no.

Y ser un weblogger tiene que ver con escribir, y escribir para el cajon es masturbacion; esto es simplemente un metodo de autopublicacion, un tanto deshonroso segun ciertos standards, pero se sabe que la epoca no da para mas.

Viejo, sinceramente nos hubiera venido mejor a los dos que cocinara sus comentarios un poco mas y hubiera posteado sus propias definiciones. Quien le dice si no hubieramos iniciado un meme...

(Vera que los acentos se los debo, me los gaste todos en el post que vengo de hacer).

1/3/07 01:08  
Blogger dolmancé said...

Es difícil arrojar primeras piedras al argumento utilitario. En todos lados se cuecen habas. Y el autoerotismo literario no es deshonroso, aunque sí terreno fértil para otras adicciones y compulsiones.
Y disculpame, no quise oficiar de espejo. Simplemente me subí a tu tren, al son de "llévenme a ver un treeeen". Si tengo un rato para cocinar mejor, y fumar paraguaya de la buena, voy a postiar mis propias definiciones tratando de no improvisar solos fuera de tu armonía lisérgica.

1/3/07 09:38  
Blogger Jack Celliers said...

Respecto de la oposición naturaleza/cultura la dialéctica tiene un planteo bonito. El marxismo soviético y pelotudo planteó un determinismo bastante ridículo haciendo de la historia humana un mero subproducto de la naturaleza sujeta a sus mismas leyes, mientras que el idealismo filosófico separaba la experiencia humana de toda sujeción natural. Ni una cosa ni la otra. El concepto de unidad diferenciada de Trotsky es bastante interesante al respecto, pero hoy ando con mucha fiaca.

1/3/07 14:09  
Blogger dolmancé said...

Cierto, aquí encontré algo al respecto. Requiere una lectura atenta. Es entendible tu pachorra, Jack.

1/3/07 18:34  
Blogger Peste said...

Se#ores, y si vamos a las fuentes? Una fraccion no despreciable de los escritos de Trotsky estan publicamente disponibles en forma digital.

Dolmance, volviendo: no es un tema de deshonra, sino de la diferencia entre especimenes en una vitrina y organismos en su medio natural.

Y, si bien no soy precisamente un estilista refinado, abrigo mi escepticismo respecto de las "ayudas" quimicas. Sus costumbres son suyas, pero tengo poca paciencia con los acolitos de una u otra molecula que andan adivinando "influencias" e "inspiraciones" en cada rincon de las artes y de las ciencias.

1/3/07 23:33  
Blogger dolmancé said...

No se confunda, Peste, soy más limpio que culito de bebé. Y la cannabis sativa es un placer simplemente, como masajes en el cerebro, para relajar. Yo no sólo tengo poca paciencia, sino que nula tolerancia a aquellos que festejan las idioteces de ciertos personajúsculos y celebridades de poca monta, sólo por su hábito de consumir sustancias psicoactivas de grueso calibre. Mi lista negra va desde los entusiastas de Calamaro hasta los posmofílicos seguidores de Andy Warhol. Lo peor es que estos fanáticos de popstars limados no toman ni el relleno de un caramelo fizz, y le dan duro y parejo a la Dasani balance.

En éste club de solos y solas hay muchos de ellos, encabezados por el hijo del gordo porcel. Gente cool. Puáj.

Con respecto a la cita, creo se entiende bastante bien sin necesidad de leer directamente a Trotsky. Si no es así, la otra es esperar a que a Jack se le pase la fiaca y nos cuente un poco más.

Por lo demás, estoy armando mi propio idioléxico, y pienso publicarlo sin esperar sin su aprobación, al mejor estilo Bucay. Considéreme como el malo que le cuenta todo su plan al heroe cautivo. Al menos conformesé de que usté es el héroe y yo el malo.

2/3/07 14:44  
Blogger Peste said...

Atiendame, no es todo lo mismo:

* Consumir
* Admirar / aborrecer a los que consumen
* Tener evidencia confiable de que alguien consume
* Postular que alguien consume, como explicacion de tal o cual comportamiento, y emperrarse con la idea.

Dos o mas de esas cosas pueden concurrir, o pueden oponerse, como bien se#ala, pero mantengamos cada una en su casillero. Digamos, por ejemplo, que yo no tengo apuro en desautorizar a quien fume, salvo que repetidamente fracase en lo que se propone por estar bajo la influencia.

La idea de Trotsky, camaradas, no me es opaca, pero siempre es preferible verla en su justo contexto. Hay un riesgo en estudiar filosofia de delgados apuntes fotocopiados, o de ponencias con cuyas referencias uno no esta familiarizado.

Y por favor, Dolmance, proceda con su idiolexico pero, por favor, si usa el neologismo, cuidelo. Mire que al estudio de traducciones no creo que le importe un soto...

2/3/07 23:16  

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