2007-01-02

Una larga despedida (XL): Enajenaciones diversas

De muchas cosas puedo desayunarme todavía, y el monstruo policéfalo sobrevivirá.

De que quisiste ser eclipsada, economista, electora o elegida, elementalista, emisaria y/o emitida, emigrante y enfermera, encapsulada y espartaquista* o enciclopédica y eyaculante. Espinada, incluso, sea como la rosa o como la del sampán.

De que pudiste haber sido alguna, o varias, o todas esas cosas, por no saber frenar a tiempo.

Pero una cosa sí puede deshacerme: saber que abandonaste esa fiebre excepcionalista, ese orgullo injustificado, esa tendencia a no pedir permiso sino perdón --y ni siquiera eso, la mayor parte de las veces (o sí, porque te gusta el sabor de la indignación de los que siempre dormirán afuera).


(*) Como en "seca, austera, sovietica"; tan lejos de la Spartakusbund de la Luxemburg como el montón de memoria** lo está de los Montoneros, aunque a los historiadores que nos aguardan tras el horizonte les importe un bledo y tengan mayores preocupaciones que aguzar tanto, y tan al divino botón, la resolución de sus instrumentos.

(**) No, no significa lo que usted piensa. Ojalá. Y ojalá el problema con los traductores se limitara a la traición.

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