2007-01-17

Noonosología de cabotaje (sin número)

Poniéndome al día con algunas lecturas, le insisto a todo el que pregunta por mi estado. Por ejemplo, acabo de agregar a la pila de descarte un bestseller más: Dying Inside*, de Robert Silverberg. Probablemente nunca lo haya sido, pero merecía serlo, por su origen** y por sus cualidades: paga ambivalente tributo a los dorados sesentas, está más atravesada de flashbacks que el muñeco vudú de Menem de agujas, no tiene más referencias al corpus de la CF --al que nominalmente pertenece-- que las literarias, y resulta ser, sin necesidad de hilar fino, un bildungsroman*** que ríase usted de Demian. Es la clásica novela de ficción especulativa para los que aborrecen del género, o sea, para los que consideran que la humanidad y su circunstancia no son jaulas, sino la totalidad, el conjunto, lo inconmensurable y, por supuesto, el justo lugar de lo desconocido****.

Si me piden una opinión, huele a adolescente, a p*ndejo medio mamado, verborrágico, incoherente, reaccionario, que antes que termine la noche tendrá que rendir adoración al ídolo de porcelana. Suena como esta perla que le deje hace un tiempo a un post melancólico de Minerva, indudablemente en un mal momento:

La compa#ia tiene una utilidad que, a veces, nos es imprescindible: ayudarnos a llevar las cargas. Cuando uno se basta para enfrentarse a la vida, o incluso cuando esta enredado en una lucha cuerpo a cuerpo y feliz de no ir perdiendo, el projimo estorba. No conozco excepciones.

El standard de la autoflagelación lo podrán poner los judíos, pero los goyim también podemos arrimar algunas ramitas a la fogata.

Y eso es más o menos cuanto le concedo, Jack, en nuestra discusión sobre Spiegelman.


(*) No pregunten donde se consigue en castellano, yo ya me di por vencido, imprimiré el ebook trucho si quiero hacérsela leer a alguien que tenga la doble discapacidad idiomática y computacional.

(**) Silverberg siempre fue un autor de segunda, una especie de parásito intelectual del gremio, independientemente de sus méritos como escritor.

(***) Novela de aprendizaje, estimo.

(****) Sospecho que los que piensan asi distinguen entre versiones del "mas allá" inexistententes vs. incognoscibles; algo así como el clásico ateos vs. agnósticos.

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2007-01-04

Una larga despedida (XLI): La gente sin alma que pierde la calma

--Uff. Por un momento pensé que lo llamabas para chumbárselo al otro.

--¿Eh?

--Para asustarlo. Y por el valor lúdico, claro.

No recuerdo bien su irritada aclaración, pero tenía que ver con reglas áureas u otros especímenes propios del igualitarismo más trasnochado y de consecuencias más semejantes a los opiáceos.

Le repliqué algo acerca del riesgo bien conocido de compartir cama con humanos inmaduros. Y entonces, en un destructivo destello de estupidez, le quise calzar esa perogrullada en la perspectiva oscura y estrecha en la que algunos siempre son más iguales que otros, y así se quedan. La gente no cambia.

--Si estás tratando de decir algo sobre vos, llegás tarde.

--Tarde ¿respecto de?

--De vos mismo, ayer.

No se culpe a la mezcla de deber y placer, ni al deber deseante, ni a los ensordecedores chillidos del instinto. Pero tampoco se espere que nos valgan de nada las noches en vela.

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2007-01-02

Una larga despedida (XL): Enajenaciones diversas

De muchas cosas puedo desayunarme todavía, y el monstruo policéfalo sobrevivirá.

De que quisiste ser eclipsada, economista, electora o elegida, elementalista, emisaria y/o emitida, emigrante y enfermera, encapsulada y espartaquista* o enciclopédica y eyaculante. Espinada, incluso, sea como la rosa o como la del sampán.

De que pudiste haber sido alguna, o varias, o todas esas cosas, por no saber frenar a tiempo.

Pero una cosa sí puede deshacerme: saber que abandonaste esa fiebre excepcionalista, ese orgullo injustificado, esa tendencia a no pedir permiso sino perdón --y ni siquiera eso, la mayor parte de las veces (o sí, porque te gusta el sabor de la indignación de los que siempre dormirán afuera).


(*) Como en "seca, austera, sovietica"; tan lejos de la Spartakusbund de la Luxemburg como el montón de memoria** lo está de los Montoneros, aunque a los historiadores que nos aguardan tras el horizonte les importe un bledo y tengan mayores preocupaciones que aguzar tanto, y tan al divino botón, la resolución de sus instrumentos.

(**) No, no significa lo que usted piensa. Ojalá. Y ojalá el problema con los traductores se limitara a la traición.

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