2006-11-14

Por qué Psicobolche (II) / Noonosología (II)

(Es aquí donde un sistema de categorías pudiera venir de perillas, pero luego de haber visto gente inteligente convertirlas en un adorno inútil, prefiero usar mi sistema de series y algún engorroso título doble. Tampoco será tan frecuente; nada lo es por aquí, desde hace medio año o así.)

Cuando decimos Psicobolche tambien estamos diciendo, con alguna probabilidad no nula*, Mayo Francés y, por simpatía**, enemistades compartidas o errores comunes, hippies. Es la misma clase de superposición parcial, mal entendida, y no enteramente racional por la que ciertos gremios científicos y el fandom de los géneros literarios especulativos o fantásticos tienden a andar mas juntos que revueltos.

Postulado esto, al que le quede el sayo, que se lo ponga:

Discutíamos en algún momento, con alguien cuyo nombre no importa, sobre las sutiles diferencias de significado entre varias palabras que suelen aparecer como surgidas del dialecto hippie local: onda, mambo y trip. Yo alegaba que era inútil hacerlo sin explorar siquiera superficialmente el maloliente campo semántico subyacente.

¿Cómo gana su hediondez un pensamiento? Siendo mal formado, por ejemplo, débil, disfuncional, y por tanto buen alimento para saprobios. Y a esto se llega advirtiendo que ni una onda, ni un mambo ni un trip caracterizan nada netamente cognitivo o emocional, sino más bien criaturas míticas que huelen a formas de cognición, pero que se reproducen por canales emocionales; híbridos que en toda ley debieran ser estériles, pero tienen la suerte de hallar a sus anfitriones con las defensas bajas.

Pelemos un poco más la cebolla. El mito originario es aquí que los "seres" (humanos o no, segun una visión panpsiquista) generan un campo que distorsiona (o menos negativamente, configura) la realidad a su entorno. Por lo tanto, alguien o algo trae tales o cuales ondas, o alguien está en un mambo de tal o cual signo, o anda en un trip...

Con estos últimos ejemplos de uso tenemos para cerrar la anécdota: una onda abarca el interior y el exterior, etéricamente; un mambo está más confinado a la jaula del cuerpo, aunque es susceptible de codificación y emisión, habitualmente oral; un trip es harto difícil de comunicar, como la radioactividad (aunque sea inocultable y molestísimo).

Si reconocen a algún viejo amigo, podemos intercambiar notas. Todo esto, en una forma particularmente idiosincrática y sugerente, está en Castaneda, cuando habla del cuerpo energético y su punto de encaje; y está en los posmodernos que, según parece, van construyendo la realidad a golpe de creencias --y que tienen más facilidad, estimo, que la Reina Roja para aceptar lo imposible, aunque no hayan desayunado.

Cualquier conexión desagradable que pueda haber surgido en el extraviado rescate de la subjetividad de los dorados años sesenta la podemos atribuír, según mi escaso entender, a los métodos antes que a las intenciones.

Y si demuestro más conocimiento del pensamiento gelatinoso que lo que sería saludable... en fin, era joven, la porquería era brillante e iridiscente, y cuando la comías te ayudaba a verle la cara a Dios.


Debiera haber releído y recortado todo esto antes de infligírselos, pero apelaré a la disculpa de Pascal; tenía menos tiempo que necesidad de ver estas palabras libres de la rueda karmática del escritorio, la reescritura, el cajón, ad nauseam.

(*) Sé que hay modelos más apropiados, quizá en razón de su flexibilidad, pero si los menciono la boca de la bolsa se atará conmigo adentro. Pocas cosas odio más que a quienes, al adoptar un concepto, lo contagian de sus pestes.

(**) Léase como en "detonación por simpatía" antes que como en "simpatizante comunista". Hace mucho, mucho, era un término técnico, probablemente cuando los atajos se cruzaban, digo, nadie sabía pensar campo, y la acción a distancia era uno de esos misterios enloquecedores.

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