2006-03-20

Escuchado por ahi (XXXVIII): Me c... en tus muertos

--¿Che, cuanto hace que tenés esa cucaracha ahí, junto al tacho de basura?

--Ex-cucaracha. No sé, dos semanas. Y no vino nadie a comer de ella, cosa rara.

--¿No te da cosa?

--Es un cadáver. Exactamente como vos y yo vamos a serlo.

--¿Ni un poco de respeto por la finada?

--Vino a joder, la liquidé, a otra cosa.

--Pero era un ser vivo, después de todo.

--Sí, una máquina muy complicada e interesante, para cuyo estudio no tengo instrumentos, por eso soy programador y no entomólogo. Y de todos modos, es de producción masiva y completamente automatizada. Como los humanos, mirá vos.

--Vos no querés a nadie.

--Para que te voy a mentir. Querer, así como para pasar el rato, seguro. Pero querer, digamos, amar, con reverencia religiosa, mucho me temo que esa falopa ya la ciclé de mi sistema.

--Me parece que te estás reservando.

--¿Para objetos de amor más merecedores, querés decir?

--Claro. Se ve que has tenido una desilusión fiera.

--Nah. Sólo que es evidente que mi modelo psicológico standard del mono sin pelo tiene mucho lugar para mejoras. Fijate la madre de mis hijos. Se c*gó en las patas, se rajó con la vieja, y ahora tiene ocho años acumulados de unas cuantas cosas que, en ese momento, la hubieran hecho rajar no en tren, sino en el Concorde. Pero, si le hubieran dicho que tenía, ponele, diez años para poder armarse y cortarse sola, hubiera mandado a tan funesto oráculo a la quinta del ñato por insolente, con ella y con los suyos.

--No entiendo.

--Que ése es el tipo de cosas que un modelo te tiene que ayudar a predecir. Caracterizar a mi suegra, o a ambos suegros, como un pozo de potencial tremendamente bajo, y que por tanto necesita ser evitado a cualquier costo.

--¿Podías pagar cualquier costo?

--No. No sabía ni lo que era la plata. Y aprenderlo como autodidacta significa pasar, entre otros lugares, por el mercado de esclavos. Y cuando me tocó, mis dientes... ah, mis dientes...

--¿Qué con tus dientes?

--Nada, bah, algunos dijeron que me los pintaba, los más generosos que usaba prótesis. Bue. J*derse. Ahora sí, la cuento para adelante y para atrás. Y tengo laburo, y casita, y nadie que se me venga a meter.

Y mil años, y muy poco que hacer.


Inspirado por las cucarachas operadas del cerebro. La Naturaleza es sabia, ¿eh?

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