2006-03-29

El P*st* es mi pastor

Cuando lo ves al chabón ahogándose, pidiendo a gritos que lo saquen, y no bien empezás a aligerarte de ropas para tirarte, viene un grupo, y uno de ellos te dice:

--Jefe, no se gaste, mire que siempre lo hace.

Y les decís:

--Pero miren que se ahoga en serio.

--Sí, pero nos tiene podridos. Déjelo.

Y no les pasás bola, y se van, y vos te tirás igual, y lo salvás; y él, de rodillas:

--Sos mi Dios, te debo la vida, ¿cómo te pagaré?

--Levantate, ¡payaso!

Y lo tomás de los hombros, y tenés que alzarlo, y antes de eso, cachetearlo para que entienda que más le vale dejar en paz el cierre de tu bragueta;

Cuando conseguís que se suba a tu coche, y lo dejás en el centro, vestido con lo que pudiste dejarle, y con unos mangos para que coma y vuelva a su casa;

Cuando te quedás solo, ¿cómo volvés a dormir? En la cabeza te sigue dando vueltas la loca idea de que tiene que haber una solución, que el pobre pibe tiene que encontrarle la vuelta a su vida, que vamos, que no puede ser tan difícil.

Y aparte, allá lejos, como algo medio olvidado: que los que ya no nos c*gamos encima también tenemos derecho a nuestras vidas.


No, no estoy velando a nadie... todavía. Gracias por preguntar.

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