2006-02-24

Uno de los fundamentos de nuestra civilización

Los habitantes del Cinturón* tenían su tubo de cristal de zinc, que generaba un campo de fuerza perfectamente reflectante en el cual contener el calor infernal de una reacción de fusión nuclear. Apostaban sus vidas a su integridad: una vez, un ex-minero pasó por muy malos momentos contemplando el pensamiento de que las fuerzas de marea de una estrella de neutrones pudieran haberlo distorsionado y desalineado.

Nosotros, los neurodivergentes, tenemos nuestras bebidas cafeinadas (o, en países más civilizados, pastillas) y nuestras obligadas fuentes de calor:

Como dije hace un tiempo, hay que difundir nuestros aberrantes estilos de vida. Alabada sea la compulsión de escribir posts umbilicoscópicos.


(*) Gente refinada que llamaba a nuestros amados planetas pozos o agujeros (la traduccion apropiada varía, se entiende, según el contexto y el registro). Aparecen en las historias del Espacio Conocido de Larry Niven. Y por cierto, no quieran saber como los llamamos nosotros a ustedes y sus comportamientos. Bah, entérense, ¿qué podemos perder?

Sí, este chico Paglierani parece un sonado. Pero, en cualquier caso, ¿observaron ustedes mi Modelo del sindrome tripolar?

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