2006-02-21

Una larga despedida (XXXI): Home is where the cold is

El otro día tuve que colaborar en el armado de un ventilador de techo recalcitrante (cita de la semana: ¡Dame pala!), hace un rato fue el turbo... ¿es sorprendente que ahora quiera hablar de los aparatos de aire acondicionado?

No me miren así. Vivo en el Rio de la Plata, y es verano. ¿Qué quieren de mi? ¿Que emigre? Prefiero vestirme de descocada y salir a yirar para que señores en coche me lleven a meublés refrigerados. (Hagan el favor de no comentar. No en público, al menos.)

El A/A siempre ha llamado mi atención por los cismas que crea entre los que no conciben la vida fuera de su gloria, y los que lo llaman un creador de infiernos*; los argumentos de cada facción siempre me olieron irracionales. Veamos los del contingente del anti-.

¡Traga kilowatts como si fuesen caramelos!
A cada problema, una solución proporcionada. En ciertos regímenes de temperatura y usos del espacio --tanto mecánicos como humanos--, diversos tipos de ventiladores** cumplen lo más bien; en Israel, Arizona y --para los flojos como yo-- Buenos Aires***, es la diferencia entre la vida y el ocio forzado que tan mala reputación da a los países tropicales. Aparte, recuerden que yo soy (o era) informático: el cómo mantener una sala de computadoras feliz es una de mis preocupaciones.
¡Frío!
El objetivo que se persigue al "climatizar", como lo llaman pomposamente, es volver habitable un espacio --cerrado, por ahora--, no proveer sensaciones extremas para compensar un Infierno estilo Venusiano con un Paraíso artificialmente helado (o, para los crónicamente hipotérmicos****, un Purgatorio) --y notablemente módico en sus pretensiones, convengamos.

Bueno, en mi libro, el óptimo de habitabilidad***** está entre los 20 y los 25 grados. Al que opine distinto, lo invito a aportar referencias.

¡Me seca la garganta!
Un A/A sin control de humedad no merece vivir, salvo que quede al cuidado de un obsesivo-compulsivo que cuide de ese detalle independientemente; no debiera ser muy caro ni engorroso si se cuenta con gas y agua corrientes.
¡Cría pestes!
No descuidar los filtros y otros elementos sacrificiales o consumibles de las máquinas que se tienen a cargo es un exquisito signo de civilización. Hay otros, entiendo, pero hacia niños, viejos y alérgicos, esta demostración de empatía debiera ser suficiente.

De los pro- dio cuenta, supongo, lo de la propensión frigorífica. Así que considero haber pagado la promesa implícita. Háganme saber si no es así.


(*) "Infierno" no es sinónimo de "calor", no si uno diversifica su teología un poco. Sin ir mas lejos, lean a Dante, si no me creen.

(**) Me dicen que los de techo, cuando andan, son de gran eficiencia, y me consta que ayudan a redistribuir el aire caliente en invierno.

(***) Ni hablar de Brasil... vean por donde pasa el ecuador térmico en América del Sur.

(****) Como mi mujer, que suele registrar 36 grados y pico, salvo que este al sol o practicando su actividad favorita. Nadie me convence que su bioquímica no es mutante o, directamente, alienígena.

(*****) Claro que si nos ponemos a discutir los parámetros óptimos para la vida humana, Lola me va a forzar a deslistarla de mi blogroll cuando yo apunte que si el hígado elimina el alcohol de la sangre debe ser porque el cerebro prefiere trabajar en un medio libre de él.

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