2006-02-19

Escuchado por ahi (XXIX): Orden y progreso

El universo era un desorden, del que las únicas partes interesantes eran las anomalías organizadas. Una vez, Hackworth habia llevado su familia a remar al estanque del parque, y en los extremos de los remos amarillos giraban vórtices compactos, y Fiona, que había aprendido la física de los líquidos por medio de numerosos derrames de bebidas y en la bañera, reclamó una explicación de esos agujeros en el agua. Se inclinó por sobre la borda, con Gwendolyn sosteniéndole el ruedo del vestido, y sintió los vórtices con las manos, queriendo entenderlos. El resto del estanque, simple agua sin ningún orden en particular, no era interesante.
Ignoramos la negrura del espacio y damos atención a las estrellas, en especial si parecen ordenarse en constelaciones. "Común como el aire" significa carente de valor, pero Hackworth sabía que cada inspiración de Fiona, descansando en su camita a la noche, sólo un brillo de plata a la luz de la luna, era usado por su cuerpo para hacer piel, pelo y huesos. El aire se volvía Fiona, y merecedor --no, exigente-- de amor. Ordenar la materia es la única empresa de la Vida, ya sea un enredo de moléculas autorreplicantes en el océano primordial, o una manufactura inglesa impulsada a vapor convirtiendo hierbas en telas, o Fiona yaciendo en su cama convirtiendo aire en Fiona.

(Neal Stephenon, The Diamond Age, or A Young Lady's Illustrated Primer)

Pobre traducción, pero el pensamiento es refrescante, si bien ligeramente inexacto, y los sentimientos admirables, especialmente cuando ciertos subsistemas críticos del cuerpo de mi hija persisten en desorganizarse.

Y, en esta estación, hay que recordar más a menudo que calor y orden son términos, en general, incompatibles.

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