2006-01-01

Y ¿por qué no?

Ahora, mientras los salvajes cuentan sus heridos y sus destrozos, es el momento de criticarlos.

¿Qué tiene de criticable esta raza extraordinaria? No, por cierto ser pobres: la plata, cuando la tuvieron, no les arregló nada. Tampoco la incultura: demasiados monos vestidos de seda pasaron por nuestras instituciones sin pena ni gloria.

Pero sí se les nota la falta de una o dos habilidades cognitivas que, sospecho, deben haber sido imprescindibles --hace mucho-- a la supervivencia más miserable, y ahora son suplidas por el recurso a miles de mercaderes de la amenaza.

Una de estas habilidades es la de reconocer una cadena causal, y acogerse a ella. Lo que la gente que vive en una frontera y librada a su suerte reconoce como no hay nada que venga de arriba.

En mi época, la educación de un niño empezaba por ahí. Era menester que entendiera, tan pronto como pudiera, que los padres --y a veces los hermanos-- tenían que laburar para que todos comieran, y eso significaba no sólo no reclamar atención cuando se te dijo --una vez-- que no había ninguna disponible sino, en general, comportarse: no buscar problemas que no puedas resolver, y puedan volver a morder a los adultos; no dañar la economía doméstica, y no tomar del fondo común más que lo imprescindible, para que el proximo en necesitar pueda ser satisfecho.

Claro, ahora somos ricos, y ninguna de esas oscuras lecciones para esclavos se aplican. Ahora siempre se puede llamar a alguien que arregle los quil*mbos o que emparche las cuentas; las supervivencia no se decide en el hogar, y al fondo común no se le ve el fondo. Y no nos damos con la gente que vive como antes, que hace cuentas y se cuida, porque es muy estresante.

Sarcasmos aparte, el todo cuesta parece ser un principio esotérico, oculto a los ojos del populacho. Sin medias tintas: sea economista, o viva feliz en la ignorancia.

Aca doblo hacia Psicolandia, y me pierdo de vista:

¿Se les ocurrió pensar que en las relaciones humanas hay también costos de oportunidad? ¿Que nunca se puede cubrir el espectro de la experiencia humana con una persona, por extraordinaria que sea?

¿Como podría ser de otra manera? ¿A cuántos conocemos que hayan podido casarse felizmente dentro de las filas de su profesión u oficio? ¿Con cuántos amigos concretamos negocios exitosos (o incluso simples viajes)? ¿Dónde están los seres luminosos que pasan de la mateada de arreglar al mundo, sin trastorno, a yugarla juntos día tras día?

Por alguna razón los seres humanos no nos hacemos tiempo ni lugar para reunir en una misma personalidad elementos dispares; y cuando hay que cambiar de máscaras para pasar a otra cosa ¿puede sobrevivir la misma relación? ¿O hay que fundar otra?

Yo me inclino hacia lo último, y con no poco escepticismo, pero ¿qué puedo saber yo, que soy medio autista?


En los dos últimos links la palabra clave es Asperger. Tome nota de que no me estoy comparando a RMS, ni me estoy autodenominando hacker.

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