2006-01-22

Una larga despedida (XXIX): Fuego en su interior

--Matemáticas. Para mí que este tipo habla de matemáticas. Y maldito sea si me doy cuenta de cómo cuernos llegó hasta ahí.

--Como solés decir, lo habrá mamado de la cultura.

--Eso explica que el método Delfos sirva para hacer futurología en pequeña escala. No explica que un cabeza de peyote le pase raspando a tantos conceptos complejos y que apenas han pasado por los canales de divulgación.

--Eso nunca lo podés saber con certeza.

--Poco probable.

--Y a esta cabeza, ¿se le podrá explicar alguna de esas complejidades?

--¿Y para qué lo querrías?

Confieso que no entendí su exposición. O por lo menos, no entendí su relevancia a nada que yo le pudiera dar.

--Tengo que leer a Eco. Esa idea no suena del todo mal, pero me da cosa que pueda haber malinterpretado algo que le explicaron. No necesariamente por su culpa --después de todo no es Ortega-- sino por la de algún idiota comedido que le haya sobresimplificado todo.

--Bueno, por lo menos ese riesgo sé que no lo tengo con vos.

--Sabés un cuerno. Lo más probable es que nos quedemos en algún bache procedural. Y con eso yo no transo.

--¿Educar la percepción?

--Ni falta hace que insista. Hasta que no podamos adquirir intuición matemática, visualización, qué sé yo, las sensaciones de las que hablaba Einstein, con un implante, tendremos que rompernos el c*lo. Más o menos como con el piano.

--Divertido.

--Hay dos maneras de hacerlo: la mía, y mal.

--O sea, la tuya y, me toca insistir, la divertida.

--Así vas a terminar, con esas costumbres.

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