2006-01-22

Escuchado por ahi (XXV): When I'm sixty-four

--Te digo que es te-rri-ble, Peste.

--No me jodas. Me vas a decir que tu vieja te quería porque eras Ezequiel, futuro artista y bufarrón, y no porque eras su hijo primogénito, y con eso obviamente el mejor, el más lindo, el más inte...

--... Mi vieja me odiaba, Peste.

--No es el punto. Quiero meterte en la cabeza que en cualquier caso, los esquemas pasan por arriba de los individuos.

--No es eso lo que necesito escuchar justo ahora.

--Es lo que hay. Los seres humanos no tenemos más autonomía mental que cualquier computadora, solo que cuando jugamos al juego de la memoria, ganamos por afano. Memoria asociativa. Y se la usa cargándola con estereotipos, clichés, imágenes...

--Tenia setenta y dos años, y se iba a morir solo como un perro.

--¿Callejero?

--¿Sabés que creo que, aunque interrumpas con idioteces, me entendés?

--Puedo entenderte y no compartir. Una mala metáfora deshonra toda una conferencia. Ni hablar de lo que hace con una breve intervención, en una conversación tan de cuarta como ésta.

--Se moría solo, seco, y yo no estuve con él porque era un hermano, sino porque era viejo.

--Gerontofilia.

--Si él hubiera sido joven ¡hubiera pasado de largo! ¿No ves lo atroz que es eso?

--Si hubiera tenido veinte años, capaz que tenía el coraje de suicidarse. O la verguenza de no poder lo hubiera obligado a hacer algo con su vida. Vegetar, qué sé yo, recuperar una mínima dignidad de sobreviviente.

--Le sobraba dignidad. Por eso no salió a buscar a nadie.

--Como tantos árboles viejos y machazos que en el mundo han sido. Por eso te aceptó, claro. Pajarito que le hace nido en la copa.

--Fui como un hijo para él.

--Padre degenerado. --Como se nota que ya ni escucha lo que le digo.

--Fuimos felices mientras duró.

--Había un tabú contra eso en Whileaway.

--Nosotros sabíamos lo que tenía de malo.

--Qué linda tragedia. ¿Ésta es tu manera de expiar tus culpas? ¿De qué estas tratando de convencerte?

--¿Por que no te matás?

--No tengo a quien dejar viudo.

--Sería un desperdicio que alguien te llorara. Hacele un favor al mundo, matate antes de hacer más daño, ¿querés? Cruzá la calle sin mirar, es una boludez, fijate...

--Mirá, no porque no lleguen al loquero ciertas noticias... Nada. En fin, tengo que hacer. Nos vemos otro día.

Ya habia recorrido más de la mitad del camino a la puerta, cuando escucho que me dice:

--Si te pegué donde más te dolía, te pido disculpas.

--No es nada. Soy cínico congénito, no adquirido. No hay agente conocido que me pueda corroer.

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