2006-01-24

Deshechos humanos

Si este fuera un weblog aquejado de iconofilia, aquí insertaría la viva imagen de una intoxicación alcohólica. Como, en cambio, soy partidario de lo textual, les recuerdo uno de mis posts más breves, desagradables, e insinceros: Enamorados de la vida

A mí ya me conozco en esos estados. No sólo no me interesa; me repugna. No se aprende nada. Perdí amigos por no cuidarme.

Si tuviera que ser testigo de un estado irracional de mi hermana, supongo que lo haría con reverencia, e intentaría ayudarla a que se sintiera mejor (su fisiología no le permite ningún exceso: experimenta intolerables consecuencias). No le deseo ningún mal, y la vez que la vi, en sueños, convertida en una junkie de carrera, me causó una depresión que duró días.

A mi mujer ya la he visto, y la volveré a ver. Lo lleva con mucha más dignidad que yo, lo necesita cada tanto para purgar su sistema, y ya acepté que todo eso viene con el territorio. No big deal.

Pero hay cierto amigo al que pagaría por ver borracho, pasado de sueño, hambriento, drogado, caliente, ido; por ver a donde va a parar ese barniz de civilización que insiste en mantener.

Bueno, viejo, no es para tanto, tampoco le deseo la muerte, ¿no? ¿Me equivoco?

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