2005-12-16

Una larga despedida (XXIV): De un hilo

Cuando supe que mi mujer estaba embarazada otra vez, me dije: Ahora, tan luego ahora... si de nosotros depende, va a tener una vida miserable.

Cuando mi mujer la parió, sentencié: De este punto no se vuelve. La suerte está echada.

Cuando descubrí que no me tenía ningún aprecio o respeto, me relajé, suspiré, y pensé: Es una pena si esto hace que le cueste utilizarme, pero por lo menos las molestias que le cause durarán lo que aguante la madre.

Ahora, mañana, o cuando sea, si se le corta el hilo, seguramente diré que, si bien pudo haberse perdido de algo interesante o placentero, por lo menos se evitó algunas peores cosas de las que somos capaces. Y: ¿Qué podía esperar de nosotros, del siglo, del país, sino enfermedad y muerte?

Lo que no voy a lograr es creérmelo. Ni me van a dejar.

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