2005-12-15

Una larga despedida (XXIII): Aterrizajes forzosos

Expuestas mis ideas sobre las metáforas gráficas, podemos pasar a examinar algunas de ellas, y meditar sobre que tan apropiadas sean para arruinarle la vida a su portador.

Pilotear, en un contexto de relaciones personales, me dicen que básicamente significa "usar de hipocresía". Creo que eso no afecta mi proyectada exposicion sobre el mal uso que hago de la metáfora aeronáutica.

Como buen ADD, los imprevistos me agrian el humor de modo instantáneo, persistente, y me dejan poco menos que inútil para cualquier uso. Por lo tanto, durante buena parte del tiempo que paso en soledad, imagino conversaciones, para mantener la cintoteca provista de material actualizado y relevante. Esto sería registrar horas de vuelo para mantener la habilitación.

Por supuesto, antes de iniciar un contacto, tengo que tener un plan de vuelo aprobado, y negociar con mi torre de control (¿super-yo?) el despegue. Y los aterrizajes... ese sí es un tema divertido. No solo implican una rutina bastante complicada, sino que no se los puede hacer en cualquier lugar, y el infierno me ampare si aparece una tormenta imprevistamente, o la maquinaria de interacción (la aeronave) sufre un desperfecto técnico.

Aún en el caso en que pueda tocar tierra sin destrozarme, es evidente que hay grandes costos asociados, si no necesariamente con las reparaciones, con el hecho simple de que no puedo carretear en cualquier lugar en que haya bajado para remontar vuelo nuevamente.

Me dicen que hay gente que no concibe que una relación humana pueda perder sustentación. Serán ornitópteros: yo soy un animal de alas rígidas.

Labels:

0 Comments:

Post a Comment

<< Home