2005-12-04

Una larga despedida (XVIII): Manotazos de ahogado

En nuestro anterior exposé, definímos al autor de este weblog como una personalidad virtual construída a partir del acopio especulativo de tiempo, el implante de una Google Toolbar, y una reducción variable que oscila alrededor de un factor de 10 a 1.

El saco de huesos de voz grave, correspondientemente, tiene una respuesta y maniobrabilidad intelectiva que recuerdan incómodamente las de un Fitito... en tres cilindros, cargado para una mudanza, y con los neumáticos parcialmente desinflados. Y recordarán que el Fitito tenía una tendencia a ponerse insoportablemente caliente.

Ése es el gran problema con los retardados: reventamos por algún otro lado, en un intento de compensación desesperado, frenético, y casi siempre violento.

No, no tengo costumbre de golpear a nadie. A eso llegaremos, en su debido momento.

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