2005-11-28

Una larga despedida (XV): Ah, la vida moderna

Si, como indican los pronósticos de ciertos tipos que disfrutan en no largar prenda*, mi hija sobrevive a su afección renal, me iré preparando para una escena desagradable de este tenor, en un lapso de media a una década:


--¿A dónde vamos, jefe?

--Benoit entre Castelli y Doyhenard. Y andá despacio, que la podridita que llevás adelante debe estar a punto de volcarse.

--¿Eh?

--A punto de devolver.

El tipo me mira con cara de eso va por cuenta tuya, en sandwich entre dos rápidas miradas a quien tiene en el asiento del acompañante, estima insuficiente el estupor alcohólico de su pasajera, suspira y menea la cabeza como haciéndose el b*ludo, mete el cambio, y suelta el freno.

C*rajo que están curtidos, pienso, y Ahora sé qué tipo de experiencia tengo que pedir a los que me vengan a pedir empleo al lavadero de coches, si alguna vez pongo uno.

A las tantas cuadras, consigo desembarazarme del cuerpo inerte de mi hija, sólo para recibir, dentro del minuto, un otro par de pies --descalzos, por lo que agradezco a los dioses-- sobre los muslos. El decoro me impide especificar exactamente dónde fue a parar el talón de uno de ellos.

--P*ndeja...

No hay respuesta. Bueno, me digo, mientras no lo mueva con alevosía, hay esperanzas.

La ciudad pasa detrás de las ventanillas. Imagino que huele a vómitos de cerveza, y que hay demasiados forros usados tirados en las veredas, y por cierto que no desearía cruzar una calle surcada por esos misiles teleguiados por Baco, pero podría ser peor. El frío mantiene confinado lo más intragable del triste espectáculo.

No es que yo sea menos intragable, pero por lo menos mantengo una medida de discreción. Salvo que, manoteando un abrigo, se ve que elegí uno de los sacos elegantes favorecidos por mi mujer.

--Hace un frío bárbaro, ¿no?

--Ajá.

--Menos mal que usted se vino bien abrigado.

¿No será una indirecta retorcida, no? Si a vos te parece que lo que preciso ahora es un ratón que me admire el disfraz...

--Flaco, tuve una noche de mierda. No me des charla.

--Mire, jefe, si toma y le hace mal...

¡Mirá que son corajudos los gusanos! Resisto la tentación de ofrecerle una muestra gratis de mi disulfiram como remedio para la resaca: son caras.

--¿Me vas a sugerir que no tome, me imagino?

Algo en mi dicción le hace comprender su error, y gano un turno.

--¿Vos te das cuenta de la edad que tengo? ¿A vos te parece que un tipo de mi edad saca a nenas como éstas de joda?

Mientras voy armando la frase, advierto mi error. Ciertas costumbres japonesas vienen popularizándose, y un conductor nocturno no puede ignorar la tendencia. Remato, despreciando la derrota:

--Bástete saber que este animalito que subió a tu coche en mis brazos es mi hija, y que las otras dos alcohólicas son sus amigas, y te imaginarás que clase de padres tienen si te digo que nunca echaron suertes para venir a buscarlas.

--Bueno, no se la agarre conmigo, fíjese que como uno ve que no tiene que manejar...

--No. Peor. Tengo que jugar al poker con mi mujer para ver a quién le toca salir. Y como anda mal de salud, tengo que dejarla ganar, y que no se me note mucho.

--Uh, que garrón.

Hago silencio, y parece ser suficiente por el rato. Hasta que, a veinte cuadras de nuestro destino, la del talón en mi entrepierna reacciona.

--Uuuh... ¿dónde estamos?

--Llegando a casa de Nahír. --Sacá el pie.

--¿Ya tan lejos?

--Te habrán metido un ropi en la bebida. --Sacá el pie.

--¿Un qué?

--Falopa, nena, algo para dormirte y echarte un polvo sin que te enteres.

Casi se atraganta de la risa. Y que me emplumen, pero se reía de mí y de lo insalvablemente ingenuo de la idea: viejo, estamos en el siglo veintiuno. Evitando atragantarme por mi parte, decido que la telepatía no funciona:

--Flaca, ¿te volviste descalza?

--¿Eh? Ah, si, pero las tengo en el bolso.

No sólo ignora la indirecta, ¡empieza a mover el pie en cuestión, la enfermita!

--Che, ¿te falta lugar, que te desparramás --exageremos-- encima mío?

--No, es que así estoy más cómoda.

Se me acaban las ideas sobre cómo manejar la situación. Confirmado. Soy un fósil.


Desde entonces, estoy esperando que Nahír venga a preguntarme ¿por qué mis amigas preguntan si sos p*to?


(lifted from comments on 2008-09-25: "cierta negrura es inevitable en un mundo como éste" / "una tendencia al orden, de ver las cosas funcionando...")

Mucho más sobre degeneraciones japonesas en la columna periódica I am a Japanese School Teacher, por Azrael. Las degeneraciones locales llegan, en general, por comunicación personal.

(*) No sé que experiencia habrán tenido ustedes, cuando yo era nene, los médicos te decían todo; ahora te tratan como si fueras analfabeto.

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3 Comments:

Blogger Jack Celliers said...

No voy a ser yo el que le venga a marcar el tono del blog, por el nivel de algunas de sus intervenciones supongo que tendrá Ud. sus razones... pero no le parece ya un poco demasiado bajo el nivel de ph? Va a perforar el suelo como Alien. Y se va a hundir.

Ya sé que la respuesta puede ser "me importa un carajo", "vayase al carajo", "quién carajo se cree que es", etc. Pero me parece que cuando uno empieza a ser tan minuciosamente ácido no ya respecto de los hechos consumados sino de los por venir... es que está tratando el porvenir como hecho consumado.

Digo, cierta negrura es inevitable en un mundo como éste, pero calculo que se puede también tener un cierto optimismo/confianza/llámelo como quiera en cierta reserva de... valores? Digamos aquello que le impide a uno hacer como Celine y afiliarse al primer partido nazi que aparezca.

Ni sé por qué escribo esto. Espero que no me confunda con un moralinico-optimizante, especie que detesto. Escribo ciego, ya que no tengo la más puta idea de quién es realmente Ud. así que - de nuevo - sé que es posible que tenga sus buenas razones... pero: ¿el talón de su hija? Suena casi como un pedido de auxilio.

29/11/05 00:00  
Blogger Peste said...

Demonios, he sido poco claro. Eso me pasa por postear un sue#o con la edicion minima imprescindible: en las nieblas de la madrugada, la _otra_ pendeja presente en el asiento trasero me resultaba un tanto mas evidente que al eventual lector. El tratamiento de "viejo" resuelve toda ambiguedad en la direccion erronea, segun se ve.

El ciclo de los productos toxicos, en general, a mi me funciona de otro modo: si, en lugar de retenerlos y concentrarlos, los expulso y los ubico en frascos rotulados en una vitrina, menos condenado me sentire a reproducirlos o buscarlos en otros ambitos de mi vida.

Lo llamare como quiera... una tendencia al orden, de ver las cosas funcionando, de... limpieza, a falta de mejor palabra. Todo esto por oposicion a este caos y este absurdo en que todos joden a todos, nadie encuentra nada, y cuanto mas sensato es algo, menos se hace.

Conozco esas necesidades. Pero mi pesimismo sobre sus respectivas probabilidades no esta edificado sobre arena. Por ejemplo: sabemos, usted o yo, o cualquiera de los que pasan por aqui, ense#arle a la gente a pensar?

29/11/05 01:49  
Blogger Peste said...

Ah, no se por que me acorde ahora, pero lo que decia en enero sigue siendo valido: la pendeja necesita un psicologo (aparte de un nefrologo, que ya consiguio). Y mas le vale obtenerlo antes de que su lectura de este post tenga algun viso de realidad. La paidofilia y el incesto no me apetecen en lo absoluto.

1/12/05 00:38  

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