2005-11-29

Qué país generoso (II): Leyenda urbana

Carajo que hace frío.

No es raro en mí pensar eso en la mañana: tengo la costumbre de dormir en el suelo, envuelto en una frazada, y la humedad del suelo durante el invierno rioplatense suele convertir en insuficiente tan modesto blindaje térmico.

El siguiente pensamiento tuvo un color mas vital, amarillento:

No puedo haberme meado hasta el cuello.

Después decidí que la resaca se sentía rara, y la aspereza de garganta más aún.

Luego, el locus del pensamiento se trasladó al cerebelo, y de ahí a la médula: salté de la bañera, inundando el baño, y todavía no sé cómo no me resbalé y me maté. Todavía no dejo de desearlo, de vez en cuando.


El médico de emergencias era un hijo de p*ta. No pudo contenerse la risa, y se desquitó de tantos guantes de seda malgastados:

--Flaco, no tenés más hígado.

--¿Cómo?

--Que hay que ponerte en un hígado artificial y en la lista de espera...

--A ver si te entiendo, ¿que tengo insuficiencia hepática masiva porque me reciclaron el órgano?

(Falopeado como me sentía, las latas me seguian salvando. Aparte habia tenido un buen rato para pensar la frase matadora mientras me miraba la costura y me preguntaba con que me habrian llenado la cavidad quirúrgica para que el dolor no me tuviera en un grito.)

--Exacto.

--¿Pero esto no pasaba en las películas, no más? El viejo Favaloro dijo una vez...

--Favaloro no se daba con la gente que hace esto, pibe.


Si no hubiera tenido una prepaga decente, último recuerdo de mis años en la zona gris del oficio de sistemas, ahora estaría en un termo de mi tamaño. O si mi cirujano --el primero-- no hubiera sido un tipo prolijo. Debe haber abierto un código penal y comparado condenas.

--Pero estos tipos, ¿de dónde salen?

--Qué sé yo. La mayor parte de la banda, de donde salen los secuestradores, o sea, de cualquier parte. Con toda probabilidad, de familias bien, especialmente los jefes. Los médicos, los enfermeros y los técnicos, de sus respectivas facultades y escuelas. Después de que egresan, en cualquier lugar pueden tener un encuentro, un contacto...

--Cambió mucho esto desde que yo era p*ndejo. Cuando Favaloro...

--Favaloro está muerto.

--Me duele la cabeza. Voy a tomar un poco de aire.

El tipo todavía se pregunta qué me pasó, y adonde estaba que no recibía las citaciones a las ruedas de reconocimiento de sospechosos.

Yo me pregunto por qué los b*ludos nos quedamos esperando que la linea tuviera tres puntos para ver el cuarto, cuando con el primero y el segundo ya era obvio. No, Larry, no tenés la culpa; vos solamente estabas escribiendo para parar la olla.

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