2005-09-17

Una larga despedida (VII): Caidos en combate

--Se lo ve contento, don Peste.

--Yaas. Tarado.

--Don Peste?

--Que te pasa, Aquilino?

--A usté le pasa. Por como habla, se dijera que ha bebido.

--Y vos, por como hablás, se dijera que estás aquí cuando sabés muy bien que te borré, a vos y a tu mujer.

--Don Peste, ya me anda priocupando.

--Y vos, Grano, me estas hinchando las pelotas. Te voy a cazar de las patas y te voy pegar en la espalda hasta que se te desatragante ese gaucho de utilería que no te deja hablar como persona.

--No tengo nada atorado en el garguero, don, pero en el cinto...

--... en el cinto tenés una hebilla, Grano. No me digas, porque no me interesa. Y no digo más porque veo que te estás ofendiendo de nada.

--Mire, don Peste, para no ofender hable con la verdá, nomás. Tan fácil le juera.

--La verdad es que soy un egoísta hijo de puta, y que para completar ciertos... cambios... acá en mi azotea, te declaro no existente. Ahora.

--Cuando se le pase, don Peste, ya sabe donde ir a buscarme.

--Si, Grano. A los recuerdos de los buenos tiempos.

--Mándele un saludo a la patrona.

--Mandáselo vos. El teléfono es éste... tomá...

--Y sí, va a ser mejor. Que le vaya bien.

--Igualmente. Cerrá el candado al salir.

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