2005-08-28

Una larga despedida (IV)

(o: "Esas tazas antipaticas")

Buscaba yo una vasija para mate, agotadas las instancias de la madera y el enlozado. Al abrir la puerta del bahiut, doy con unas tazas que, segun la edad aparente que le daban sus decoraciones, debieran haber sido ovoides truncados y no algo que se empezaba a acercar a bulbos.

Joderse, me dije, nunca vas a saber si no probas. Busco a mi mujer, que esperaba por un mate, y le planteo:

--Nos es legitimo usar estas tazas?

--Solo en una emergencia.

--Supongamos..? --la insto, con un gesto interrogativo de hombros y cejas.

--Que te tuviera que aplicar ventosas.

Levanto las cejas, hago una mueca, asiento con la cabeza. El mate lo terminamos por hacer en una taza plastica.

En su tiempo, llego la aplicacion que logro el levantamiento de la interdiccion. Con la autorizacion de la casa, me pide que se las alcance:

--Traeme, del bahiut, las ventosas.

La miro con no poca desaprobacion, la ataco ritualmente, se defiende:

--No te puedo culpar por tu manera de asegurarte de la precision de las indicaciones que me dirigis.

--No, es cierto? --sonrie.

Resulto que la disputa no era territorial sino historica: sacar, tras a#os, las tazas de su estante las degrado de testimonios de una epoca feliz que era mejor no recordar a simples piezas de un juego de te, y de particular mal gusto.

Poco queda en esa casa que sugiera un museo. La presencia de las ni#as arraso con casi todo.

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