2005-05-18

Subconjunto de si mismo, caso patologico de

Dicen que hay dos maneras de vivir. Cambiar uno --adaptarse, aprender, evolucionar (y la New Age que se lave por dentro con jabon Darwin antes de hablar)--, o cambiar el mundo --y eso ya tiene diversos nombres, y el desacuerdo lexico arrastra uno semantico: innovar, conquistar (propagar o contagiar lo propio? que? no, no tengo delirio etimologico), "traer el progreso", "hacer la revolucion", y las discusiones todavia siguen.

Pero como mi estrategia de supervivencia es troglodita, la manera de cambiar el mundo que preconizo es la mas sencilla concebible: quitar cosas de en medio.

Ahora, sencillo es, pero mutilar el mundo trae _problemas_. Matar gente, quemar una casa o una oficina, volar estructuras, nukear una ciudad, craterizar un territorio, etc., son actos tecnicamente caros, y constituyen derechos caros de comprar, por lo menos en las condiciones de mercado actuales. Algunos de ellos exigen, llanamente, hacerse amigo del Imperio, y hay que tener un cierto _peso_ para que el Imperio quiera tenerlo a uno como amigo.

Si seguimos, entonces, en busca de la solucion sencilla, otro paso de simplificacion se impone: mutilar no el mundo, sino una imagen funcional del mundo, un modelo. El mismo con el que uno sale a la calle; la misma imagen con la que uno finge estar en el mundo, ese cuadro mentiroso pero solo lo suficiente para ser creible y que esta pintado en la cara interna del visor del traje de presion.

Asi es que uno deja de ver a alguien, a quienes conocio por ese alguien, deja de practicar cualquier disciplina o actividad que tenga en comun, evita ciertas calles, olvida, poda, busca alternativas odiosas o triviales, recorre los caminos que lo alejan de Roma hasta darse con las fronteras.

Todo eso por no excederse en la cobardia ni en el coraje; todo por no elegir entre otras formas de suicidio. Mi temperamento quiere el suicidio gradual de las puertas tapiadas y, por si acaso, detras de ellas, trampas mortales. (Antes muerto que rendido a ciertas tentaciones inutiles).

Y esta breve rese#a omite toda la la resolucion literaria del conflicto, la fina construccion de los personajes a traves de situaciones que no sucedieron pero que solo los protagonistas inmediatos podrian distinguir de los hechos historicos.

Que el arqueologo de mi mismo que sere en el futuro se gane los tragos con la exegesis, dosificada juiciosamente en anecdotas faciles de digerir. Yo estoy demasiado ocupado diluyendo este licor para estirarme algun dia mas (o mas bien alargarme la agonia).

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